Antonio Javier Fuentes So
Poeta que considera el portal su segunda casa
Iba dispuesto a lanzar la piedra
y enseñar la mano,
a decirte que ya no era
el ladrón de tu mirada cómplice,
que ya no eras la estrella de mi cielo,
ni besaba el suelo que pisabas.
Que nuestro bosque, aquel
que tantas veces recorrimos,
había pasado a ser
una reunión de árboles,
sin más encanto.
Que el silencio, cruel
banda sonora de nuestra película,
era el delator de mi amor gastado.
Que ya no me gustaba tu colonia,
que el invierno era invierno
aún teniéndote a mi lado.
Iba dispuesto a dar la cara
y a quitarme la cruz
del amor fingido.
A decirte
que ya no te quería.
Sonó el teléfono,
paré el coche.
Era tu hermano,
te acababas de matar
en accidente de tráfico.
Lloré como sólo lloran
los cobardes.
y enseñar la mano,
a decirte que ya no era
el ladrón de tu mirada cómplice,
que ya no eras la estrella de mi cielo,
ni besaba el suelo que pisabas.
Que nuestro bosque, aquel
que tantas veces recorrimos,
había pasado a ser
una reunión de árboles,
sin más encanto.
Que el silencio, cruel
banda sonora de nuestra película,
era el delator de mi amor gastado.
Que ya no me gustaba tu colonia,
que el invierno era invierno
aún teniéndote a mi lado.
Iba dispuesto a dar la cara
y a quitarme la cruz
del amor fingido.
A decirte
que ya no te quería.
Sonó el teléfono,
paré el coche.
Era tu hermano,
te acababas de matar
en accidente de tráfico.
Lloré como sólo lloran
los cobardes.
Última edición:
::