Aquella noche me sacudió ese ser infernal.
Con sus malditas oraciones no se como sucedió,
pero destrozó mi dignidad.
Me quito mi fe; la hizo prohibida.
Aquella criatura ajena al mundo.
Mi estado agonizante le daba vida
y lo agraciaba mi estado moribundo.
A oídos sordos grité un suplicio,
mi vida mortal es todo lo que tenía.
Corrí indefenso, patético,
tratando de no caer, ridículo,
pero mi sangre apabullada placer le atribuía.
Noche engañosa, bendita,
exoneraba su luz de las tinieblas.
Noche infiel, maldita,
en donde ocurren las blasfemias.
La noche como testigo y único jurado
me condeno a ella para siempre,
sin oportunidad de ser liberado.
Maldito el nombre de la bestia
y de la falsa fortuna.
Una eternidad purgaré en cadenas
que solo puede ver la luna.
Desdén y oquedad en mi alma profanada.
No sirve de nada orar ante semejante bofetada.
Aun cuando imploré por mi carne consagrada,
el impuro se burlaba con semejante carcajada.
Viajero de la oscuridad de temple incansable,
que caza sin piedad y de sed insaciable,
no me lleves ahora, ten piedad de mi
y de mi fe inquebrantable.
Pero El Vampiro es leal a sus quehaceres,
y al mirarme me mostraba su apatía,
mi corazón en silencio gritaba mi querella,
ser uno de esos seres no quería.
Perdido estaba, sin embargo,
humillado solo repudiarlo podría,
y al paso de mi letargo él solo se reía,
y con voz grutural solo repetía:
:tu alma es mía
Vampiros I - 02/'09
Con sus malditas oraciones no se como sucedió,
pero destrozó mi dignidad.
Me quito mi fe; la hizo prohibida.
Aquella criatura ajena al mundo.
Mi estado agonizante le daba vida
y lo agraciaba mi estado moribundo.
A oídos sordos grité un suplicio,
mi vida mortal es todo lo que tenía.
Corrí indefenso, patético,
tratando de no caer, ridículo,
pero mi sangre apabullada placer le atribuía.
Noche engañosa, bendita,
exoneraba su luz de las tinieblas.
Noche infiel, maldita,
en donde ocurren las blasfemias.
La noche como testigo y único jurado
me condeno a ella para siempre,
sin oportunidad de ser liberado.
Maldito el nombre de la bestia
y de la falsa fortuna.
Una eternidad purgaré en cadenas
que solo puede ver la luna.
Desdén y oquedad en mi alma profanada.
No sirve de nada orar ante semejante bofetada.
Aun cuando imploré por mi carne consagrada,
el impuro se burlaba con semejante carcajada.
Viajero de la oscuridad de temple incansable,
que caza sin piedad y de sed insaciable,
no me lleves ahora, ten piedad de mi
y de mi fe inquebrantable.
Pero El Vampiro es leal a sus quehaceres,
y al mirarme me mostraba su apatía,
mi corazón en silencio gritaba mi querella,
ser uno de esos seres no quería.
Perdido estaba, sin embargo,
humillado solo repudiarlo podría,
y al paso de mi letargo él solo se reía,
y con voz grutural solo repetía:
:tu alma es mía
Vampiros I - 02/'09
Última edición: