José Segundo Cefal
Poeta que considera el portal su segunda casa
Recurro a esas fingidas sonrisas.
Recetada boca, un amargo sostenido.
Acordes disueltos entre tu saliva y la mía.
Recurro a esas nieblas de cristales
y a ti mismo, el que escupía
la mezcla de las salivas.
No revolvías las mantas replegándote
como un escorpión en celo, esperando
en esa maligna danza
inocularme el veneno.
...y yo que me ponía bien...
Es bueno retorcerse frente a la ventana.
Frente a ciudades de azucares y terrones de estiércol.
Resumidas circunstancias.
Recurro a las diagonales jugando
a las cuatro esquinas.
Sí. Es más largo el recorrido,
pero más ambivalente la dulzura,
el placer de no contrariar al riesgo,
Recurro al paseo como el paseo recurría a mis pasos
y a la cadencia del arpegio inventado
de notas a
cris
ta
la
das.
Recetada boca, un amargo sostenido.
Acordes disueltos entre tu saliva y la mía.
Recurro a esas nieblas de cristales
y a ti mismo, el que escupía
la mezcla de las salivas.
No revolvías las mantas replegándote
como un escorpión en celo, esperando
en esa maligna danza
inocularme el veneno.
...y yo que me ponía bien...
Es bueno retorcerse frente a la ventana.
Frente a ciudades de azucares y terrones de estiércol.
Resumidas circunstancias.
Recurro a las diagonales jugando
a las cuatro esquinas.
Sí. Es más largo el recorrido,
pero más ambivalente la dulzura,
el placer de no contrariar al riesgo,
Recurro al paseo como el paseo recurría a mis pasos
y a la cadencia del arpegio inventado
de notas a
cris
ta
la
das.
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