José Segundo Cefal
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hombres horneados por sus codos.
Antebrazos de hematoma.
Mujeres de barrigas cerradas,
dolor del verbo callado, del llanto apagado.
Niños sosteniéndose en tus labio dementes.
Un niño no es una palabra de cuatro letras
arráncate los vendajes de los ojos.
Tus ojos.
Mis ojos.
Me ha dejado arrugadas las ventanas
de la conciencia
y la persiana hace más de 400 años que no funciona.
Antebrazos de hematoma.
Mujeres de barrigas cerradas,
dolor del verbo callado, del llanto apagado.
Niños sosteniéndose en tus labio dementes.
Un niño no es una palabra de cuatro letras
arráncate los vendajes de los ojos.
Tus ojos.
Mis ojos.
Me ha dejado arrugadas las ventanas
de la conciencia
y la persiana hace más de 400 años que no funciona.
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