JohannSteve
Poeta recién llegado
Fieras nauseabundas sin paraderos
Beben el dulce fruto de la vid
Que cubre tu cuerpo esbelto; imperfecto
Desviando los caminos de tu ardid.
Tan impertinente eclipse espántame
De tus brazos: En mi flor no hay dehiscencia.
¡Déjame fenecer sobre el femíneo
Cardo que cultiva tu indiferencia
Para surgir en pos del féretro
Y partir al bosque del nuevo día!
Allí germinaré sobre pendientes
De libertad; simientes de armonía.
Observaré a tu séquito hambriento
Que cubre su pantano de perfidia
Con atavío oasis de inocencia.
Se alumbra la apología a la envidia
Al sol poniente de tu bien estar.
La hipocresía te obsequia en cortejo
Febril; cicutas vestidas de lis.
¡Con cuanto estupor verás lo perplejo
De tu presente; cuando el estropicio
De la inconsciencia despierte en tu ser
La nobleza de tu alma dulcinea!
Entonces tal vez pienses en volver
A cosechar tu prímula ubérrima
Que en un tiempo fui su fauna y su flora.
Fui sus estrellas; fui sus estaciones
Sobre la angra augusta que en sueño aflora
El llegar de tu barca; En oraciones
Providentes, mi alma olvida y perdona.