Ansiedad se despunta acostumbrada.
¿Qué me aferran estos brazos a la nada?
Sucumbe la calma, mejor cambiarla, mejor vetarla.
Juntaré las manos sosteniendo el soplo diario.
No vivo si no muero, con indistinto esmero;
agonizo, pretendo que no ha pasado,
más esta intención ya es un calvario.
Miro tus ojos, negros como el suelo
y sin embargo ya creo en el vasto cielo.
No me hagas vibrar otra vez.
Sé que ese brillo me ha de destruir,
y que llega a mi con tal encierro
que no lo puedo ya excluir.
Te mofas y me gusta, me lanzas y me aferro.
No te deshagas de mí, deshazme te lo ruego
como harapo con incienso.
Vana muchedumbre a la que daría mi pesadumbre,
me ha causado este sentir; conjunta la tecla ácida
y la sórdida costumbre.
¿Dime a qué le existo?
¿Dime a quién le debo?
Pagaré si es aquel adepto,
o dame razón para seguir,
te insisto.
Olvídame, recuérdame.
Si al antojo de tus venas me perdería
con las causas alaridas y mis penas.
Una sonrisa y me quedaré contigo.
Con los frutos de la tierra te maldigo,
aunque a ti deba mi pausa
y me adjunte a tu régimen insólito de Santa.
Amante traicionera, con antorchas y con velas,
no me esperas y me llevas;
no lo quiero y lo deseo,
pero el miedo no lo mido, aunque áspero lo sienta.
En mi esquina de la tarde todo aparte,
el alma me arde;
en mi cama nace, en mi losa carne.
Fortuna del exilio, vívela tu si muerta estas
y no te quieren ver ni en el más allá.
Esporádico decir,
irónico si vas,
no voy porque yo quiera,
sino porque tú ahí estás.
Santísima Muerte VII /04/2009
Relatos de Inframundo
¿Qué me aferran estos brazos a la nada?
Sucumbe la calma, mejor cambiarla, mejor vetarla.
Juntaré las manos sosteniendo el soplo diario.
No vivo si no muero, con indistinto esmero;
agonizo, pretendo que no ha pasado,
más esta intención ya es un calvario.
Miro tus ojos, negros como el suelo
y sin embargo ya creo en el vasto cielo.
No me hagas vibrar otra vez.
Sé que ese brillo me ha de destruir,
y que llega a mi con tal encierro
que no lo puedo ya excluir.
Te mofas y me gusta, me lanzas y me aferro.
No te deshagas de mí, deshazme te lo ruego
como harapo con incienso.
Vana muchedumbre a la que daría mi pesadumbre,
me ha causado este sentir; conjunta la tecla ácida
y la sórdida costumbre.
¿Dime a qué le existo?
¿Dime a quién le debo?
Pagaré si es aquel adepto,
o dame razón para seguir,
te insisto.
Olvídame, recuérdame.
Si al antojo de tus venas me perdería
con las causas alaridas y mis penas.
Una sonrisa y me quedaré contigo.
Con los frutos de la tierra te maldigo,
aunque a ti deba mi pausa
y me adjunte a tu régimen insólito de Santa.
Amante traicionera, con antorchas y con velas,
no me esperas y me llevas;
no lo quiero y lo deseo,
pero el miedo no lo mido, aunque áspero lo sienta.
En mi esquina de la tarde todo aparte,
el alma me arde;
en mi cama nace, en mi losa carne.
Fortuna del exilio, vívela tu si muerta estas
y no te quieren ver ni en el más allá.
Esporádico decir,
irónico si vas,
no voy porque yo quiera,
sino porque tú ahí estás.
Santísima Muerte VII /04/2009
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