Antonio Javier Fuentes So
Poeta que considera el portal su segunda casa
Camino por las calles mojadas
en un invierno sin piedad.
He tomado un café pausadamente,
saboreando instantes ya lejanos
de huellas imborrables.
Ya no somos los mismos,
y este pueblo parece detenido
en el tiempo de mis locuras
y tu risa.
Todo sigue igual,
las barcas duermen en la playa,
vacía en estos meses
de arena empapada y gélida.
Sigue siendo nuestra cama,
la que era cuando la luna asomaba
emergiendo del mar con su vestido blanco.
Pensamos un futuro, solo uno,
que luego fueron dos.
Tuvimos varios hijos,
les pusimos sus nombres.
Cuando se iba el verano
se llevaba tus ojos.
Volvías a tu ciudad
de lunas de neón
y playas de asfalto.
Hibernaba en recuerdos
esperando otro agosto.
Pero llegó el año
en que el tiempo no te trajo.
Hoy solo compartimos
un pasado
de amor adolescente
seguro y confiado.
No se nada de ti,
no se quien eres.
Tampoco me conoces,
ya no somos los mismos
Aquellos que fuimos
nunca se imaginaron
aves de paso.
en un invierno sin piedad.
He tomado un café pausadamente,
saboreando instantes ya lejanos
de huellas imborrables.
Ya no somos los mismos,
y este pueblo parece detenido
en el tiempo de mis locuras
y tu risa.
Todo sigue igual,
las barcas duermen en la playa,
vacía en estos meses
de arena empapada y gélida.
Sigue siendo nuestra cama,
la que era cuando la luna asomaba
emergiendo del mar con su vestido blanco.
Pensamos un futuro, solo uno,
que luego fueron dos.
Tuvimos varios hijos,
les pusimos sus nombres.
Cuando se iba el verano
se llevaba tus ojos.
Volvías a tu ciudad
de lunas de neón
y playas de asfalto.
Hibernaba en recuerdos
esperando otro agosto.
Pero llegó el año
en que el tiempo no te trajo.
Hoy solo compartimos
un pasado
de amor adolescente
seguro y confiado.
No se nada de ti,
no se quien eres.
Tampoco me conoces,
ya no somos los mismos
Aquellos que fuimos
nunca se imaginaron
aves de paso.
Última edición: