Amartemisa
Poetisa
Sonaba la tarde en silencio
y mi figura, prófuga de un beso,
corría como diablo entre nubes
en busca de tus caricias...
No hallándote en ninguna parte,
me resignaba a esconderme,
ya sabes dónde,
allá donde los dos construímos
un pequeño paraíso inventado...
Pero llorando desconsolada,
allí tampoco estabas.
Quise pensar que te amaba,
después pensé que era un sueño,
después, cuánto te extrañaba,
y así, mi mente se iba estrangulando
hasta quedar muerta en tus manos.
Y tú lo supiste,
sabias que sangrabas sin poder evitarlo,
sabías que no era tu piel,
sino tu alma que no era sino mi alma.
Supiste de mis gritos,
del llanto de tu ausencia.
Supiste que era yo
y tu impotencia...
No pudo hacer nada para evitarlo.
Ahora otras luces han salido,
se ilumina el recuerdo de la rabia
de dos en uno vagando por las calles
de la angustia atolondrada.
Pero ahora es hoy,
y he corrido hasta este puerto
para ver si estabas,
ahora se que te acercaste a socorrerme
y tu llanto fue la sangre turbia
al saber que me había marchado
sin tu beso.
Ahora también puedo saber
cuánto me amabas,
y me amas sin sentir otro veneno
que el que ambos nos tenemos.
Ya sé que tú das más que yo,
pero estás tan lejos, mi amor.
Yo quisiera ser el aire
y penetrar en el navío de tu cuerpo,
quisiera navegarte,
beber tu piel hasta el próximo amanecer,
y cuando hayan pasado cientos,
seguir siendo tu viento
y amarte eternamente
hasta el final de los tiempos.
y mi figura, prófuga de un beso,
corría como diablo entre nubes
en busca de tus caricias...
No hallándote en ninguna parte,
me resignaba a esconderme,
ya sabes dónde,
allá donde los dos construímos
un pequeño paraíso inventado...
Pero llorando desconsolada,
allí tampoco estabas.
Quise pensar que te amaba,
después pensé que era un sueño,
después, cuánto te extrañaba,
y así, mi mente se iba estrangulando
hasta quedar muerta en tus manos.
Y tú lo supiste,
sabias que sangrabas sin poder evitarlo,
sabías que no era tu piel,
sino tu alma que no era sino mi alma.
Supiste de mis gritos,
del llanto de tu ausencia.
Supiste que era yo
y tu impotencia...
No pudo hacer nada para evitarlo.
Ahora otras luces han salido,
se ilumina el recuerdo de la rabia
de dos en uno vagando por las calles
de la angustia atolondrada.
Pero ahora es hoy,
y he corrido hasta este puerto
para ver si estabas,
ahora se que te acercaste a socorrerme
y tu llanto fue la sangre turbia
al saber que me había marchado
sin tu beso.
Ahora también puedo saber
cuánto me amabas,
y me amas sin sentir otro veneno
que el que ambos nos tenemos.
Ya sé que tú das más que yo,
pero estás tan lejos, mi amor.
Yo quisiera ser el aire
y penetrar en el navío de tu cuerpo,
quisiera navegarte,
beber tu piel hasta el próximo amanecer,
y cuando hayan pasado cientos,
seguir siendo tu viento
y amarte eternamente
hasta el final de los tiempos.
Última edición:
::
