Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
Hoy salí a buscar tapabocas por lugares prohibidos. Miré a la gente, obediente a las recomendaciones, con sus rostros cubiertos y sus pasos huidos de las masas.
Miré como siempre miro. Con estos ojos que siempre capturan las imágenes en el intento de volverlos letra, relato; y si la gracia ayuda: un presunto poema.
Miré y mis memorias devolvieron mil sucesos. Aquél ulular de sirensas en tlalteloco de 1968 y los golpes de las botas militares, los disparos y las luces desesperantes.
Miré aquél 19 de septiembre de 1985, con paredes cuarteadas y edificios apilados como libros, y los ojos de llanto, de tristeza, de ese extraño misticismo de estar parado en el abismo jugando a la ruleta.
Desperté de mi sueño fatalista y miré mi mundo, el de los tapabocas, el de los informes sobre la epidemia, el que me brinda mi mirada fatalista... qué quereís que haga, ese es el sabor de mi poema: si fuera dramaturgo...
Miré y miré.
Los negocios cerrados
los policias pensativos con el rostro tapado.
Ayer por teléfono, mi amigo Rafa me dijo que el rostro de la ciudad es un Ángel con tapaboca; buen tema para su caricatura sino le temiera tanto a la crítica.
Miré.
Y miré al comerciante de la farmacia que ha hecho negocio pingûe (la maquina no funciona bien con los acéntos y otras cosas) gracias a la crisis y a los tapabocas tan anhelados y buscados, los han subido al 300% de su precio si es que se encuentran. Dirán que merece la hoguera pero yo digo que es parte del paisaje, gracias a él se puede dibujar la mierda en cualquier lienzo, y la mieda, aún no descubro por qué, pero debe ser necesaria para el mundo, sino no existiría.
Ya estamos en fase 5
falta una para la 6, la máxima. Qué es eso... ¡sepa Dios!
Lo escuchamos en la tele (que es algo así como el oráculo divino de Isaias)
y no sabemos si eso quiere decir que los enfermos son tantos que no alcanzan los medicamentos. No lo sabemos. El Estado conoce su lenguaje y sus métodos son tan santos, puros y honestos... que no hay razón alguna para pensar mal.
A lo mejor por eso El Mesías no ha vuelto...
Camino y miro mis ambientes, los que me rodean, y, como yo escribo, los escribo; a lo mejor alguien los lee y mira a través de mi mirada.
Me vuelvo a casa sin tapabocas, a bordo del riesgozo Metro citadino y, entre enmascaradas y enmascarados, pienso un poema: cualquier poema.
y abreviando uno que quería ser el Martin Fierro o el Mio Cid por largo, dejo para los ojos algo simple. Al viento, al vendito viento que tantas veces me ha secado lágrimas de felicidad o de abandono, y me ha dado su aliento para guardar la vida, aunque hoy, por sus cauces, también viaje lo que nos causa pena.
Para eso somos poetas..., ¿qué no?
Tú me ves venir y yo te veo,
tu pañuelo me omnibila tu sonrisa:
tu pañuelo y tu miedo.
Me duele no mirarte sonreir
me duele tu silencio marginado
tu paso fantasmal
y tu latido pronto, que se siente aquí en mi pecho.
Miras al viento donde está el vacío,
y en el vacio se conjugan nuestros miedos.
Se teme al viento
más no es el viento
Se teme al cerdo
mas no es el cerdo
Al viento no se puede asesinar:
me duelen trescientos mil cerdos mártires
de la ignorancia humana.
No, no es nada de eso...
Es la vida
es el juego de seguir más tiempo en ella
entre todos los cuerpos que la colman...
de cualquier forma:
el miedo está en el viento...
y a veces
como niño
quiero limpiar al viento...
Quiero volverlo nube,
cielo...
suave cielo.
Sí. Cielo, como siempre lo ha sido.
Quiero que sólo vuelen alas en él.
Quiero que se oigan cantos por su cuerpo
Quiero...
Quiero.
Tantas cosas quiero, viento, de ti.
Que a veces soy injusto.
Como cuando te apreso en mis pulmones,
O cuando te atormento en mis quejidos...
Y hoy que el temor puebla los rincones y las mentes, viento...,
te prejuzgo, pensándote asesino...
Miré como siempre miro. Con estos ojos que siempre capturan las imágenes en el intento de volverlos letra, relato; y si la gracia ayuda: un presunto poema.
Miré y mis memorias devolvieron mil sucesos. Aquél ulular de sirensas en tlalteloco de 1968 y los golpes de las botas militares, los disparos y las luces desesperantes.
Miré aquél 19 de septiembre de 1985, con paredes cuarteadas y edificios apilados como libros, y los ojos de llanto, de tristeza, de ese extraño misticismo de estar parado en el abismo jugando a la ruleta.
Desperté de mi sueño fatalista y miré mi mundo, el de los tapabocas, el de los informes sobre la epidemia, el que me brinda mi mirada fatalista... qué quereís que haga, ese es el sabor de mi poema: si fuera dramaturgo...
Miré y miré.
Los negocios cerrados
los policias pensativos con el rostro tapado.
Ayer por teléfono, mi amigo Rafa me dijo que el rostro de la ciudad es un Ángel con tapaboca; buen tema para su caricatura sino le temiera tanto a la crítica.
Miré.
Y miré al comerciante de la farmacia que ha hecho negocio pingûe (la maquina no funciona bien con los acéntos y otras cosas) gracias a la crisis y a los tapabocas tan anhelados y buscados, los han subido al 300% de su precio si es que se encuentran. Dirán que merece la hoguera pero yo digo que es parte del paisaje, gracias a él se puede dibujar la mierda en cualquier lienzo, y la mieda, aún no descubro por qué, pero debe ser necesaria para el mundo, sino no existiría.
Ya estamos en fase 5
falta una para la 6, la máxima. Qué es eso... ¡sepa Dios!
Lo escuchamos en la tele (que es algo así como el oráculo divino de Isaias)
y no sabemos si eso quiere decir que los enfermos son tantos que no alcanzan los medicamentos. No lo sabemos. El Estado conoce su lenguaje y sus métodos son tan santos, puros y honestos... que no hay razón alguna para pensar mal.
A lo mejor por eso El Mesías no ha vuelto...
Camino y miro mis ambientes, los que me rodean, y, como yo escribo, los escribo; a lo mejor alguien los lee y mira a través de mi mirada.
Me vuelvo a casa sin tapabocas, a bordo del riesgozo Metro citadino y, entre enmascaradas y enmascarados, pienso un poema: cualquier poema.
y abreviando uno que quería ser el Martin Fierro o el Mio Cid por largo, dejo para los ojos algo simple. Al viento, al vendito viento que tantas veces me ha secado lágrimas de felicidad o de abandono, y me ha dado su aliento para guardar la vida, aunque hoy, por sus cauces, también viaje lo que nos causa pena.
Para eso somos poetas..., ¿qué no?
Tú me ves venir y yo te veo,
tu pañuelo me omnibila tu sonrisa:
tu pañuelo y tu miedo.
Me duele no mirarte sonreir
me duele tu silencio marginado
tu paso fantasmal
y tu latido pronto, que se siente aquí en mi pecho.
Miras al viento donde está el vacío,
y en el vacio se conjugan nuestros miedos.
Se teme al viento
más no es el viento
Se teme al cerdo
mas no es el cerdo
Al viento no se puede asesinar:
me duelen trescientos mil cerdos mártires
de la ignorancia humana.
No, no es nada de eso...
Es la vida
es el juego de seguir más tiempo en ella
entre todos los cuerpos que la colman...
de cualquier forma:
el miedo está en el viento...
y a veces
como niño
quiero limpiar al viento...
Quiero volverlo nube,
cielo...
suave cielo.
Sí. Cielo, como siempre lo ha sido.
Quiero que sólo vuelen alas en él.
Quiero que se oigan cantos por su cuerpo
Quiero...
Quiero.
Tantas cosas quiero, viento, de ti.
Que a veces soy injusto.
Como cuando te apreso en mis pulmones,
O cuando te atormento en mis quejidos...
Y hoy que el temor puebla los rincones y las mentes, viento...,
te prejuzgo, pensándote asesino...
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