Víctor Ugaz Bermejo
refugio felino
Tu voz me pinta atardeceres de esperanza
ha logrado hacer de mis ocasos un poema,
me adormece en su canto silbado por el viento
y me procura la ternura de las noches.
Para asegurarme sueños sencillos
y despertares hermosos.
Son tus palabras
la voluntad de tu cariño,
que cada día me asisten
me cubre de abrigo en estos días grises;
e iluminan mis cielos.
Tu voz libera al sol en una noche plena,
intenta apenas despertar a la luna
en una conquista sideral, eterna,
tu voz, es como ninguna.
Tus palabras cruzan mi cielo, como una luz destellante
entonces se ilumina mi alma,
mi corazón se viste de fiesta
y la felicidad, la felicidad me da alcance.
Me arrullas en su canto
como el otoño a cada hoja,
como las aves en el campo
tu voz, de mis miedos me despoja.
Procura en mí la fe que necesito,
la alegría que le hace tanto bien a mi alma;
la compañía que a través de la distancia
sabe llegar oportunamente,
para brillar más que el mismo sol.
Para mi dicha existen tus palabras,
para mi fe, esa tierna ilusión que la hace cautiva
y mientras tu voz me hable desde tu alma,
emerja toda esa felicidad que atesoro;
bendita sea, saberte viva.
ha logrado hacer de mis ocasos un poema,
me adormece en su canto silbado por el viento
y me procura la ternura de las noches.
Para asegurarme sueños sencillos
y despertares hermosos.
Son tus palabras
la voluntad de tu cariño,
que cada día me asisten
me cubre de abrigo en estos días grises;
e iluminan mis cielos.
Tu voz libera al sol en una noche plena,
intenta apenas despertar a la luna
en una conquista sideral, eterna,
tu voz, es como ninguna.
Tus palabras cruzan mi cielo, como una luz destellante
entonces se ilumina mi alma,
mi corazón se viste de fiesta
y la felicidad, la felicidad me da alcance.
Me arrullas en su canto
como el otoño a cada hoja,
como las aves en el campo
tu voz, de mis miedos me despoja.
Procura en mí la fe que necesito,
la alegría que le hace tanto bien a mi alma;
la compañía que a través de la distancia
sabe llegar oportunamente,
para brillar más que el mismo sol.
Para mi dicha existen tus palabras,
para mi fe, esa tierna ilusión que la hace cautiva
y mientras tu voz me hable desde tu alma,
emerja toda esa felicidad que atesoro;
bendita sea, saberte viva.
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