Rafael Leon Franco
Poeta recién llegado
Para hablar de ti
gustaría de ostentar
en mi alusión por tu belleza,
pero mi erudición de ti
no es más que febril intimidad,
desde que te encuentras tan distante,
como observando
desde tu palacio de fuego,
tu altura me es inalcanzable.
gustaría de ostentar
en mi alusión por tu belleza,
pero mi erudición de ti
no es más que febril intimidad,
desde que te encuentras tan distante,
como observando
desde tu palacio de fuego,
tu altura me es inalcanzable.
Es mi escritura desvanecida,
sin suerte, ni fuerte,
sin facultades de olfato
y odiseas de tacto.
sin suerte, ni fuerte,
sin facultades de olfato
y odiseas de tacto.
Porque tu aspecto
no tiene forma,
ni horarios, ni luces,
ni cantos.
no tiene forma,
ni horarios, ni luces,
ni cantos.
Solo me tiene a mí
sin nuncio
tu osar decidido,
de olvido,
de hasta nunca, de adiós,
de hasta luego.
sin nuncio
tu osar decidido,
de olvido,
de hasta nunca, de adiós,
de hasta luego.
Como vaivén diáfano,
tu silencio,
es ahora tu apariencia,
tu carta de representación,
mi desazón.
tu silencio,
es ahora tu apariencia,
tu carta de representación,
mi desazón.
Apenas reconocible
al día en que te conocí,
al día en que comencé a vivir.
al día en que te conocí,
al día en que comencé a vivir.
Porque mi vida
no tiene fuego,
ni multitud de ti,
ni ganas de seguir,
en mis momentos más extraños
recorro una delgada línea de desolación,
buscando el viaje ya sin retorno,
con horror a cualquier parte,
ya sin tu hospedaje
siento el humor
asqueroso por todas partes y el paisaje
como una ceguera de hortalizas horripilantes,
adentrándose
en el interior de mí retina como una lanza,
desgarrando mi interior
ya sin tu exterior.
no tiene fuego,
ni multitud de ti,
ni ganas de seguir,
en mis momentos más extraños
recorro una delgada línea de desolación,
buscando el viaje ya sin retorno,
con horror a cualquier parte,
ya sin tu hospedaje
siento el humor
asqueroso por todas partes y el paisaje
como una ceguera de hortalizas horripilantes,
adentrándose
en el interior de mí retina como una lanza,
desgarrando mi interior
ya sin tu exterior.