José Segundo Cefal
Poeta que considera el portal su segunda casa
La hiedra crece por esos muros
donde paseas aburrida.
Te pintas y repintas los labios
combinando con el color de tus bragas.
Corre tanto la hiedra sin piernas
como tus sueños de hombre rico, tierno y dulce
que te llene de capas superfluas, de basura.
El agua corre en ese cauce
donde lanzas piedras.
Tus pechos jóvenes, las casas viejas.
Tu vulva inquieta,
mariposa perdida en un jardín de cera.
Camino largo del caballero.
(Qué caballero?
pregunto yo aturdido
al darme cuenta que lo he metido en el poema.)
Temor? Sin duda.
El que recorre los pensamientos
Temor
en las caricias furtivas.
En el tintineo de tus pulseras.
En las flores marchitas,
furtivos obsequios
ramos amargos.
Vives esperando.
No llegan orgasmos,
La hiedra crece regada de esperma.
El río en su cauce almacena tus lágrimas perdidas
Y otra mañana pasearás aburrida
tirando piedras al mismo río.
donde paseas aburrida.
Te pintas y repintas los labios
combinando con el color de tus bragas.
Corre tanto la hiedra sin piernas
como tus sueños de hombre rico, tierno y dulce
que te llene de capas superfluas, de basura.
El agua corre en ese cauce
donde lanzas piedras.
Tus pechos jóvenes, las casas viejas.
Tu vulva inquieta,
mariposa perdida en un jardín de cera.
Camino largo del caballero.
(Qué caballero?
pregunto yo aturdido
al darme cuenta que lo he metido en el poema.)
Temor? Sin duda.
El que recorre los pensamientos
Temor
en las caricias furtivas.
En el tintineo de tus pulseras.
En las flores marchitas,
furtivos obsequios
ramos amargos.
Vives esperando.
No llegan orgasmos,
La hiedra crece regada de esperma.
El río en su cauce almacena tus lágrimas perdidas
Y otra mañana pasearás aburrida
tirando piedras al mismo río.