Fabián Menassa
Poeta adicto al portal
Pequeña Historia
La tarde se hundía sombría en llantos de paredes y de casas,
en música de incansables lágrimas que ascendían ligeras por entre mis pies desnudos
limpiando jóvenes corazones desgastados de noches perennes y marionetas mudas.
Después la tarde también se quedó muda, se detuvo en la noche, no existió la mañana
La lluvia cayó toda la noche, los corazones lloraban coágulos de vida,
de vida detenida y fresca sobre todas las paredes de todas las casas, de todos los muros.
Lamentarse nunca fue necesario, nunca sirvió para nada, esa tarde tampoco.
Las chimeneas escupían sus vómitos de humo negro hacía el pútrido cielo de mi alma.
Escapar, huir, esconderse, detenerse, tampoco fue posible.
La tarde se hundía sombría en llantos de paredes y de casas,
en música de incansables lágrimas que ascendían ligeras por entre mis pies desnudos
limpiando jóvenes corazones desgastados de noches perennes y marionetas mudas.
Después la tarde también se quedó muda, se detuvo en la noche, no existió la mañana
La lluvia cayó toda la noche, los corazones lloraban coágulos de vida,
de vida detenida y fresca sobre todas las paredes de todas las casas, de todos los muros.
Lamentarse nunca fue necesario, nunca sirvió para nada, esa tarde tampoco.
Las chimeneas escupían sus vómitos de humo negro hacía el pútrido cielo de mi alma.
Escapar, huir, esconderse, detenerse, tampoco fue posible.
J. Fabián Menassa De Lucia