Mª Amparo Garrigós Cerdán
Poeta recién llegado
Desde este enorme presente
que se orea con la incoherencia
y el descrédito,
que se me ofrece turbio,
preñado de agujeros negros
inmensos y hambrientos.
Desde esta tormentosa tarde
que se esconde tras las contradicciones
de una ingrata estupidez
que, anulándome, me libera
para hacerme más lúcida, si cabe,
en mi asumida mentira actual.
Desde esta áspera espera
engendrada en la constante huida
hacia ilusiones inciertas, oscuras,
infames, inútiles...
Yo te propongo un espacio nuevo
donde la realidad no pueda atraparnos.
En un margen abierto en canal
sobre la superficie de mi alma,
te llevo, ¡mal que me pese!,
y de ti hago y deshago a capricho
para saciar los impulsos
de este corazón vencido:
no te busques en mis ojos,
pues te guardo tras un relucir opaco
que opongo a tu ilegítima ansiedad.
No quieras verte en quien de ti
ya nada tiene.
De tu pertinaz silencio,
ha nacido el eco que te perpetúa
en mí, a pesar de la distancia,
el ángel que te traiciona
redimiendo mi inconmensurable dolor
cuando te necesito:
que no eres tú, sino un milagro
tejido impunemente en la sed del amor.
Te tengo, a pesar de ti y de la vida,
prisionero de una ficción
que jamás podrás destruir:
por él, las nubes se abren
en medio de la tempestad
y el sol sonríe coronado por el cielo.
En este paraíso de hoy y de nunca,
quiero que pactemos el mutuo olvido
para matar la verdad:
sabes, cuando la angustia arrecia,
es hermoso tomar su mano
y escapar, de puntillas,
por la puerta trasera del jardín.
que se orea con la incoherencia
y el descrédito,
que se me ofrece turbio,
preñado de agujeros negros
inmensos y hambrientos.
Desde esta tormentosa tarde
que se esconde tras las contradicciones
de una ingrata estupidez
que, anulándome, me libera
para hacerme más lúcida, si cabe,
en mi asumida mentira actual.
Desde esta áspera espera
engendrada en la constante huida
hacia ilusiones inciertas, oscuras,
infames, inútiles...
Yo te propongo un espacio nuevo
donde la realidad no pueda atraparnos.
En un margen abierto en canal
sobre la superficie de mi alma,
te llevo, ¡mal que me pese!,
y de ti hago y deshago a capricho
para saciar los impulsos
de este corazón vencido:
no te busques en mis ojos,
pues te guardo tras un relucir opaco
que opongo a tu ilegítima ansiedad.
No quieras verte en quien de ti
ya nada tiene.
De tu pertinaz silencio,
ha nacido el eco que te perpetúa
en mí, a pesar de la distancia,
el ángel que te traiciona
redimiendo mi inconmensurable dolor
cuando te necesito:
que no eres tú, sino un milagro
tejido impunemente en la sed del amor.
Te tengo, a pesar de ti y de la vida,
prisionero de una ficción
que jamás podrás destruir:
por él, las nubes se abren
en medio de la tempestad
y el sol sonríe coronado por el cielo.
En este paraíso de hoy y de nunca,
quiero que pactemos el mutuo olvido
para matar la verdad:
sabes, cuando la angustia arrecia,
es hermoso tomar su mano
y escapar, de puntillas,
por la puerta trasera del jardín.
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