Sarah Valentina
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hiberna el sol cabizbajo
en memoria de un verano que no existe;
pasan horas inútiles disfraces,
le atribuyen a los días el cítrico sabor viscoso
de la impasible sobriedad del viento
... Es el tiempo de llorar lo que nunca se ha vivido.
¿Qué se encuentra después de un sueño no cumplido?
Solo una luz que no convence a
la inconfesa desilusión de la mañana,
una poesía sin verbo
y en los ojos de la nada
una lágrima que extraña.
Llanto y placer en ejercicio de su voluntad
segregan del dolor simples gemidos intermedios.
... Se homologan descarados a lo inaudible de la voz.
¡ Dios mío !
Qué difícil es amar cuando la mente divaga
entre la dignidad y los recuerdos.
Se encuentra en los maltrechos horizontes
la respuesta nunca pronunciada o esa
que se dice y que se duda en aceptar,
se vuelven saliva los intentos de palabras,
no hay pronombres que definan la derrota del honor.
Y si se subleva el tiempo encadenando las historias,
todo un enemigo pretencioso que se oculta
en la caleta primitiva donde se guardan las certezas.
... Se arrepiente la boca de expresar lo que callaba.
¡Dios mío!
Que oportuno es el silencio
cuando el alma nada en la tristeza.
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