pometeo
Poeta fiel al portal
Llegó con tres heridas:
la del amor,
la de la muerte,
la de la vida.
Con tres heridas viene:
la de la vida,
la del amor,
la de la muerte.
Con tres heridas yo:
la de la vida,
la de la muerte,
la del amor.
* Miguel Hernandez.
Llegue con tres heridas a casa derrotado.
Entre trago y trago
me había olvidado
incluso de mi nombre
como un torpe autómata
rompiendo los pasillos.
Entre golpe y golpe me olvide del camino.
La de la vida.
Me dio largas sombras
la estupida mañana
de impertinentes pájaros
adictos al asfalto.
Gorriones ebrios de mañana
piando su incesante réquiem destartalado.
Como dormido entre las basuras de un callejón oscuro y olvidado.
La de la muerte.
La noche exhalaba su último suspiro,
y la ciudad
parecía un desierto de caleidoscópicos brillos amarillos.
La luz jugaba a cruzar
por el más mínimo agujero
que olvidara cerrar una ventana.
Persianas como guillotinas cortaron
los luminosos ramos de luz
y la sangre teñida de negro salio a borbotones.
La que mas me dolio, puñalada silenciosa.
La del amor.
Pero yo no me enteraba,
llevaba conmigo
la confusa oscuridad del otro lado.
Caí en la cama,
y sobre la almohada
vomite todos los versos
que caben en un sueño,
todos los besos enquistados
en mi garganta rota.
la del amor,
la de la muerte,
la de la vida.
Con tres heridas viene:
la de la vida,
la del amor,
la de la muerte.
Con tres heridas yo:
la de la vida,
la de la muerte,
la del amor.
* Miguel Hernandez.
Llegue con tres heridas a casa derrotado.
Entre trago y trago
me había olvidado
incluso de mi nombre
como un torpe autómata
rompiendo los pasillos.
Entre golpe y golpe me olvide del camino.
La de la vida.
Me dio largas sombras
la estupida mañana
de impertinentes pájaros
adictos al asfalto.
Gorriones ebrios de mañana
piando su incesante réquiem destartalado.
Como dormido entre las basuras de un callejón oscuro y olvidado.
La de la muerte.
La noche exhalaba su último suspiro,
y la ciudad
parecía un desierto de caleidoscópicos brillos amarillos.
La luz jugaba a cruzar
por el más mínimo agujero
que olvidara cerrar una ventana.
Persianas como guillotinas cortaron
los luminosos ramos de luz
y la sangre teñida de negro salio a borbotones.
La que mas me dolio, puñalada silenciosa.
La del amor.
Pero yo no me enteraba,
llevaba conmigo
la confusa oscuridad del otro lado.
Caí en la cama,
y sobre la almohada
vomite todos los versos
que caben en un sueño,
todos los besos enquistados
en mi garganta rota.
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