A índigo abierto tomas madejas de nubes
para hilar la luminosidad del nuevo día,
los colores de los ocasos.
Con los rayos dorados del sol
bordas latidos al cielo,
a una noche cerrada
y un suspiro al paso de una estrella,
fugaz y eterna.
Dispuesta a hacer la más bella urdimbre
la pasión de tus manos se alistan,
tejidos tersos que miman
en colores que son para siempre.
Hilvanas a la luna una sonrisa menguante
que en libertad argentada sueña,
sin la persecución de falsos amantes
a orillas de los acantilados.
Ribetes que el telar y tus manos
ocultan la profundidad de tus pesares.
Algunas veces llorar te he visto
mudo, no lo resisto
entonces grito en silencio.
Desplegabas tus delicadas alas
Si en todo momento y espacio,
sujetando los hilos mis aspas movías
en plena libertad.
Fueron tus manos los que mis sueños tejieron
en la rueca de tu cintura hilandera,
en un puñado de imágenes crujieron
esa tarde, al retorno de la primavera.
Con un extenso manto cubres al mar
inquietas estrellas le pones igual,
que al reflejo de la inmensidad
te vuelves paso de luz de faro encallado,
mujer amada y galana
iluminas el arrecife y la bahía
cada vez que me miras,
mi bella musa Aldana.