***QueeN Ginevra***
Poeta adicto al portal
Agónico y amarte.
Míticos susurros entre una noche y la luna llena,
que palabras de desdeño dejan dichas a las rosas
que no buscan más misericordia entre las cosas,
que la del perdón a su belleza siempre tan serena.
Colocó él en un jarrón el cadáver de una de ellas;
su mano delgada dibujó la tristeza de mis labios,
y yo no pude mirarle más allá que los sabios;
no pude jurarle simple paz a la luz de las estrellas.
Jardín de secretos escritos antes del tiempo primero,
antes de la piel que cubre mis níveos huesos.
Arte, artista y obra, magno destello de versos;
inminente diluvio de un inevitable destierro.
Caminos plagados de ternura pasiva entre tus venas;
inagotable tu corazón me envuelve entre su latido.
Gemas de mil colores o un diamante destellando;
me es difícil decidirlo, más no admirarlo con mis penas.
Entre la sangre de tus ojos puedo ver el rostro decadente
de un desvarío tan impertinente, tan solemne y oscuro;
en esas cuencas que no distingo bajo tu carne desgarrada,
en esa alma que vislumbra este valle frio e inexistente.
El gregoriano canto y la sinfonía autodestructiva de este abrazo,
son la mínima resistencia de nosotros ante la muerte
que perpetúa nuestros adagios en múltiples sueños;
que nos dibuja una sonrisa en los ojos y llanto en los labios.
La cera que cubre los pétalos de aquella rosa negra
derrama sobre mí su perfume violeta y romero incinerado.
Sobre tu cuerpo inerte en momentos reposo mi cabeza;
beso con mis cabellos tu frente y tu pecho que sangra.
Tu piel aún tibia se va enfriando entre la mía,
hipotérmico es el estrechar tus labios con los míos.
Como es que agoniza este amor si es que existía;
no te dejaré morir entre la noche y el día.
Vendré a lavar con mi alma tus lamentos
y susurraré al viento cuan armónico es nuestro canto;
porque te amo, aún en tu agonía y tu vida;
en un frio abrazo y un infierno de distancia.
***Musta Kuolema***
Míticos susurros entre una noche y la luna llena,
que palabras de desdeño dejan dichas a las rosas
que no buscan más misericordia entre las cosas,
que la del perdón a su belleza siempre tan serena.
Colocó él en un jarrón el cadáver de una de ellas;
su mano delgada dibujó la tristeza de mis labios,
y yo no pude mirarle más allá que los sabios;
no pude jurarle simple paz a la luz de las estrellas.
Jardín de secretos escritos antes del tiempo primero,
antes de la piel que cubre mis níveos huesos.
Arte, artista y obra, magno destello de versos;
inminente diluvio de un inevitable destierro.
Caminos plagados de ternura pasiva entre tus venas;
inagotable tu corazón me envuelve entre su latido.
Gemas de mil colores o un diamante destellando;
me es difícil decidirlo, más no admirarlo con mis penas.
Entre la sangre de tus ojos puedo ver el rostro decadente
de un desvarío tan impertinente, tan solemne y oscuro;
en esas cuencas que no distingo bajo tu carne desgarrada,
en esa alma que vislumbra este valle frio e inexistente.
El gregoriano canto y la sinfonía autodestructiva de este abrazo,
son la mínima resistencia de nosotros ante la muerte
que perpetúa nuestros adagios en múltiples sueños;
que nos dibuja una sonrisa en los ojos y llanto en los labios.
La cera que cubre los pétalos de aquella rosa negra
derrama sobre mí su perfume violeta y romero incinerado.
Sobre tu cuerpo inerte en momentos reposo mi cabeza;
beso con mis cabellos tu frente y tu pecho que sangra.
Tu piel aún tibia se va enfriando entre la mía,
hipotérmico es el estrechar tus labios con los míos.
Como es que agoniza este amor si es que existía;
no te dejaré morir entre la noche y el día.
Vendré a lavar con mi alma tus lamentos
y susurraré al viento cuan armónico es nuestro canto;
porque te amo, aún en tu agonía y tu vida;
en un frio abrazo y un infierno de distancia.
***Musta Kuolema***
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