yajaira gonzalez
Poeta recién llegado
De quebrados abismos nos aprendimos medulares.
Devenir de espejos,
sílaba insondable,
¿quién nos pronunció en tácitos silencios,
atándonos de números,
costillas,
clavículas?
porque un cero pálido,
húmedo
salió de tu semilla,
sólo para engalanar con huérfanos,
laberintos de huracanes y de rosas,
cementerios,
estadísticas,
y cosas,
globos mutilados,
fotos quemadas, cunas rotas,
monumentos de verguenzas construidos,
de furiosos huesos que otra vez erguidos,
gloriosos surgirán de la derrota.
Desconocidos soldados preñan
el fecundo vientre de la muerte,
que pare generosa
millares de hijos,
a los que nadie erigirá estatuas.
Horrorizados mirándonos heridos
de bombas, flechas, piedras, sables,
habremos de cruzarnos vencedores y vencidos,
viajando una vez más hacia la noche interminable,
transitando los misterios del olvido
sin saber quien nos hizo inolvidables.
Devenir de espejos,
sílaba insondable,
¿quién nos pronunció en tácitos silencios,
atándonos de números,
costillas,
clavículas?
porque un cero pálido,
húmedo
salió de tu semilla,
sólo para engalanar con huérfanos,
laberintos de huracanes y de rosas,
cementerios,
estadísticas,
y cosas,
globos mutilados,
fotos quemadas, cunas rotas,
monumentos de verguenzas construidos,
de furiosos huesos que otra vez erguidos,
gloriosos surgirán de la derrota.
Desconocidos soldados preñan
el fecundo vientre de la muerte,
que pare generosa
millares de hijos,
a los que nadie erigirá estatuas.
Horrorizados mirándonos heridos
de bombas, flechas, piedras, sables,
habremos de cruzarnos vencedores y vencidos,
viajando una vez más hacia la noche interminable,
transitando los misterios del olvido
sin saber quien nos hizo inolvidables.