Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Soy vela sin viento, forjador sin fragua,
barco sin remo, un corazón apagado si no te tengo,
marinero que naufraga sin llegar a ningún puerto,
Robinsón sin su isla deseada, árido desierto,
que en oasis sin agua se ahogó en su propio medio.
Tus caminos son encrucijadas vestidas de azul y rojo,
afiladas espadas,
flores de placer y estoques de dolor,
kilómetros que rodean todo mi cuerpo,
viajes hacia el centro del amor.
Cuando llegó,
el corazón no lo pudo detener,
Su espera es espejismo de agua congelada,
líquido en el desierto que no sacia la sed,
peonza sin danza,
trombosis momentánea,
filo de la vida y de la muerte,
plateada daga, y ciega estocada que se clava sin ver.
Cuando llegó,
el corazón no lo pudo detener.
Y me amaste,
y se puso en marcha el reloj,
con su rítmico sonido,
con su larga cuerda de rol infinito,
en cada una de sus horas cantaba el ruiseñor,
y sus doradas manecillas danzaban al son,
en amargos sabores de paladar exquisito,
la más corta daba las horas en momentos de dolor,
la otra en momentos de placer,
y siendo la más larga duraba menos su canción.
Cuando llegó,
el corazón no lo pudo detener.
Cruce de húmedos caminos,
de verde hierba y blanco algodón,
peregrinar de halcón peregrino,
que buscó su nido entre los dos,
pájaro de canto humano al que llaman trovador.
Cuando llegó,
el corazón no lo pudo detener,
y todo en él cambió.
Volaba alto el príncipe gorrión y un disparo se oyó,
la pieza un rey abdicado a su princesa regaló,
y rotos sus vuelos, azulados brotaron lapislázulis de amor,
y en rojas perlas transformadas y en rojo humano de pasión,
dono el caballero a su dama, sus desiertos y sus plazas,
sus trovos alados, sus joyas sagradas y sus tronos de sol.
La princesa bien pagada ofreció su corazón,
muerto el pájaro no estaba,
y en la mano la ofrenda alada,
moribunda y agónica exclamó:
Reina de las prostitutas eres,
vendiste tu corazón, por un rey sin reino y sin reloj,
atrás quedaron las alturas, un viejo camino,
que llegado a vuestras tierras su viaje terminó,
y sin altivo rencor, diste cuerda al destino,
muerte y vida ofrece el pájaro herido,
que sin sus raíces en el suelo acabó.
Oscuros tronaron los cielos dejando un claro clamor,
el espíritu sacrificado en la blanca paloma expiró,
y los enamorados sonrojados, azules como el mar,
e inflamados por su ardor, pronto el suceso olvidaron,
cuando escucharon el tic tac de su reloj.
Cuando llegó,
el corazón no lo pudo detener, y todo en él cambió,
cuando juntos caminaban por lo caminos del amor.
barco sin remo, un corazón apagado si no te tengo,
marinero que naufraga sin llegar a ningún puerto,
Robinsón sin su isla deseada, árido desierto,
que en oasis sin agua se ahogó en su propio medio.
Tus caminos son encrucijadas vestidas de azul y rojo,
afiladas espadas,
flores de placer y estoques de dolor,
kilómetros que rodean todo mi cuerpo,
viajes hacia el centro del amor.
Cuando llegó,
el corazón no lo pudo detener,
Su espera es espejismo de agua congelada,
líquido en el desierto que no sacia la sed,
peonza sin danza,
trombosis momentánea,
filo de la vida y de la muerte,
plateada daga, y ciega estocada que se clava sin ver.
Cuando llegó,
el corazón no lo pudo detener.
Y me amaste,
y se puso en marcha el reloj,
con su rítmico sonido,
con su larga cuerda de rol infinito,
en cada una de sus horas cantaba el ruiseñor,
y sus doradas manecillas danzaban al son,
en amargos sabores de paladar exquisito,
la más corta daba las horas en momentos de dolor,
la otra en momentos de placer,
y siendo la más larga duraba menos su canción.
Cuando llegó,
el corazón no lo pudo detener.
Cruce de húmedos caminos,
de verde hierba y blanco algodón,
peregrinar de halcón peregrino,
que buscó su nido entre los dos,
pájaro de canto humano al que llaman trovador.
Cuando llegó,
el corazón no lo pudo detener,
y todo en él cambió.
Volaba alto el príncipe gorrión y un disparo se oyó,
la pieza un rey abdicado a su princesa regaló,
y rotos sus vuelos, azulados brotaron lapislázulis de amor,
y en rojas perlas transformadas y en rojo humano de pasión,
dono el caballero a su dama, sus desiertos y sus plazas,
sus trovos alados, sus joyas sagradas y sus tronos de sol.
La princesa bien pagada ofreció su corazón,
muerto el pájaro no estaba,
y en la mano la ofrenda alada,
moribunda y agónica exclamó:
Reina de las prostitutas eres,
vendiste tu corazón, por un rey sin reino y sin reloj,
atrás quedaron las alturas, un viejo camino,
que llegado a vuestras tierras su viaje terminó,
y sin altivo rencor, diste cuerda al destino,
muerte y vida ofrece el pájaro herido,
que sin sus raíces en el suelo acabó.
Oscuros tronaron los cielos dejando un claro clamor,
el espíritu sacrificado en la blanca paloma expiró,
y los enamorados sonrojados, azules como el mar,
e inflamados por su ardor, pronto el suceso olvidaron,
cuando escucharon el tic tac de su reloj.
Cuando llegó,
el corazón no lo pudo detener, y todo en él cambió,
cuando juntos caminaban por lo caminos del amor.
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Un saludo
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