cemento-rock-argento
Poeta recién llegado
El sol de mañana o mañanas de sol,
nadie se ve a sí mismo como un competidor,
la paz en el aire inspiran a aquel niño escritor,
susurrando sus letras al hermano cantor.
Armoniosas letras temblando en el lápiz,
silencio en el bosque, suspiro del alma,
la vida de a poco se pone menos fácil,
pero aun se encuentran esquirlas dóciles al alba.
El silencio penetra, su hermano que calla, el viento sacude,
bajo aquel árbol ya sin luces, la paz dio tormenta y el niño la escribe,
la voz ha callado, solo se recuerda en la persignacion de las cruces,
los rezos de a poco se acaban, las cosas se calman, el lápiz de nuevo en declive.
Se corrompen las minas de lápices gastados, el viento molesta,
se encuentra aquel niño en la oscuridad, escribiendo tristeza,
bajo aquel alón de infancia se encuentra el niño, futuro poeta,
se encuentra en el tiempo, delirando de pena, se encuentra ya sin pareja.
Ya nada es lo mismo, se han callado sus letras,
ya nada es parejo, si uno solo es impar,
el otoño que ayuda, a ver toda una flora muerta,
su ser enredado, siente que nada puede aclarar.
El niño que muere ante la etapa venidera, pero quedan sus letras,
escritos mas que tristes, y sin mirar hacia fuera,
un todo oscuro era en su escribir la belleza,
aunque el punto de clímax siempre fuera, que todo no se muera
La paz no regresa, el hombre se pierde,
ante diablos, el hombre a dios algo pide,
ante el dolor, el hombre sin llorar solo muerde,
ante la vida, el hombre a veces solo vive,
en sus papeles siempre estarán cosas que jamás se mueren,
en su mente estará el montón de ideas que no escribe,
en su mano las palabras jamás olvidadas que hoy mucho duelen.
Un día, cruza los dedos, lápices y papeles blancos a su merced,
la feliz melancolía esta volviendo a su ser,
tiembla el dedo allí en la mesa, solo alcohol cura su sed,
solo tres tragos mas de dolor recordado y por supuesto -a escribir otra vez-.
nadie se ve a sí mismo como un competidor,
la paz en el aire inspiran a aquel niño escritor,
susurrando sus letras al hermano cantor.
Armoniosas letras temblando en el lápiz,
silencio en el bosque, suspiro del alma,
la vida de a poco se pone menos fácil,
pero aun se encuentran esquirlas dóciles al alba.
El silencio penetra, su hermano que calla, el viento sacude,
bajo aquel árbol ya sin luces, la paz dio tormenta y el niño la escribe,
la voz ha callado, solo se recuerda en la persignacion de las cruces,
los rezos de a poco se acaban, las cosas se calman, el lápiz de nuevo en declive.
Se corrompen las minas de lápices gastados, el viento molesta,
se encuentra aquel niño en la oscuridad, escribiendo tristeza,
bajo aquel alón de infancia se encuentra el niño, futuro poeta,
se encuentra en el tiempo, delirando de pena, se encuentra ya sin pareja.
Ya nada es lo mismo, se han callado sus letras,
ya nada es parejo, si uno solo es impar,
el otoño que ayuda, a ver toda una flora muerta,
su ser enredado, siente que nada puede aclarar.
El niño que muere ante la etapa venidera, pero quedan sus letras,
escritos mas que tristes, y sin mirar hacia fuera,
un todo oscuro era en su escribir la belleza,
aunque el punto de clímax siempre fuera, que todo no se muera
La paz no regresa, el hombre se pierde,
ante diablos, el hombre a dios algo pide,
ante el dolor, el hombre sin llorar solo muerde,
ante la vida, el hombre a veces solo vive,
en sus papeles siempre estarán cosas que jamás se mueren,
en su mente estará el montón de ideas que no escribe,
en su mano las palabras jamás olvidadas que hoy mucho duelen.
Un día, cruza los dedos, lápices y papeles blancos a su merced,
la feliz melancolía esta volviendo a su ser,
tiembla el dedo allí en la mesa, solo alcohol cura su sed,
solo tres tragos mas de dolor recordado y por supuesto -a escribir otra vez-.