Carlos Aristy
Poeta que considera el portal su segunda casa
Volvió el verano, amor.
Ya llega junio y mi maleta está hecha.
Allá en el sur me esperan los cocodrilos dormidos en las piscinas,
y las garzas hambrientas capaces de arrancar bikinis.
El ritual del verano me acecha, se hunde su caricia
entre mis piernas para despertar el ensayo no escrito.
Hay cosas que uno no debe escribir, ni pensarlas siquiera.
Como apagar el cigarro sobre los adoquines del tiempo,
o poner las manos sobre las caderas prohibidas.
Yo siempre ando metiendo mis manos en las brasas,
al fuego vivo, donde hermosas cabelleras se vuelven volutas.
Es el ritual que me lleva a julio, a sus tardes de menta
y mojitos húmedos entre tus pechos de libertinaje
y el seduciente peligro del amor que tu profesas...
Hoy te confieso que gritaré tu nombre en el punto del sur,
en la misma costa. Antaño, sólo murmuré tu nombre, como en plegaria,
pero pronto será parte del viento que acarrea las nubes.
El mismo viento que envuelve con su tibieza
la más fría parte de mi corazón, el que doblega su sin razón.
Tu sonrisa almidonada en cada nube,
tu mirada de ángel,
tu vértice de mujer,
el poema de tu cuerpo...
28 de Mayo de 2009
Ya llega junio y mi maleta está hecha.
Allá en el sur me esperan los cocodrilos dormidos en las piscinas,
y las garzas hambrientas capaces de arrancar bikinis.
El ritual del verano me acecha, se hunde su caricia
entre mis piernas para despertar el ensayo no escrito.
Hay cosas que uno no debe escribir, ni pensarlas siquiera.
Como apagar el cigarro sobre los adoquines del tiempo,
o poner las manos sobre las caderas prohibidas.
Yo siempre ando metiendo mis manos en las brasas,
al fuego vivo, donde hermosas cabelleras se vuelven volutas.
Es el ritual que me lleva a julio, a sus tardes de menta
y mojitos húmedos entre tus pechos de libertinaje
y el seduciente peligro del amor que tu profesas...
Hoy te confieso que gritaré tu nombre en el punto del sur,
en la misma costa. Antaño, sólo murmuré tu nombre, como en plegaria,
pero pronto será parte del viento que acarrea las nubes.
El mismo viento que envuelve con su tibieza
la más fría parte de mi corazón, el que doblega su sin razón.
Tu sonrisa almidonada en cada nube,
tu mirada de ángel,
tu vértice de mujer,
el poema de tu cuerpo...
28 de Mayo de 2009