Apareciste con una sonrisa tímida
entre cómplice y sincera,
regresaste, al parecer convencida.
Dispuesta para lo que sucediera.
Me miras apenas sin consuelo
a través del vidrio que separa la realidad,
yo en la locura, y tu loca en vuelo.
Si te atrevieras volaríamos juntos a la felicidad.
Las negras sombras de tu adiós silente
se perdieron en las vestidos de la noche,
me apetecía odiarte, hasta lastimarte.
Pero la paz a mi alma cierra como un broche.
El dolor agrieta y estruja mi corazón
dolor ahogado en gritos apenas,
que mueren donde anida esta pasión.
Si vieras mis lágrimas quizá no te fueras.
Tu zarpazo fiero a lastimado mi llanto
a surcado en tinta púrpura mis latidos,
a lacerado mis suspiros en quebranto.
Sobrevivo por el sueño de los dos.
Esperaré que tu cielo se despeje
que la lluvia de mi mirar no me entrampe,
a que este adiós no te aleje.
A que el llanto de mi alma escampe.
Mirando el cielo, te he visto en lo gris del horizonte
y me pierdo recorriendo los pasajes de tu mirar,
ojos de ensueño azabache, como sombra de monte.
Y de perfumes de prados y bosque sin talar.
Sé el cántico que embeleza mis sueños de esperanza
el guardián acaso, si cierro mis ojos,
vuélveme a cantar y me mantienes despierto en romanza.
Vuelve y eleva tu voz hasta despedir este adiós.