Me prometí cerrar las nubes
y vetar tu luz de cielo a mis ojos,
encarcelando a la pupila entre
párpados de amaneceres ausentes.
Entre cortinas de noches sin escarcha,
el viento navegará sin tu nombre,
resonando entre hojas muertas
la melodía de tu voz vana.
Enflaqueciendo el murmullo de la luna
sobre un mar de viejas tintas,
que para tí, hoy, no tiene palabra.
Donde el minuto llega tardío
sobre la flor que en el jardín se desangra,
tarde... siempre tarde.
Escaparé de la santidad
con que rezas tus besos.
Sin el milagro de tus labios carmín,
he de preferir ser un pecador ciego.
Un caminante sin constelación de pan,
un vagabundo de alma rota,
una ventisca de pólen que al universo
espere fecundar.
Seré lo que deba ser, menos una lágrima,
que a tu causa, al mar pretenda ahogar.
y vetar tu luz de cielo a mis ojos,
encarcelando a la pupila entre
párpados de amaneceres ausentes.
Entre cortinas de noches sin escarcha,
el viento navegará sin tu nombre,
resonando entre hojas muertas
la melodía de tu voz vana.
Enflaqueciendo el murmullo de la luna
sobre un mar de viejas tintas,
que para tí, hoy, no tiene palabra.
Donde el minuto llega tardío
sobre la flor que en el jardín se desangra,
tarde... siempre tarde.
Escaparé de la santidad
con que rezas tus besos.
Sin el milagro de tus labios carmín,
he de preferir ser un pecador ciego.
Un caminante sin constelación de pan,
un vagabundo de alma rota,
una ventisca de pólen que al universo
espere fecundar.
Seré lo que deba ser, menos una lágrima,
que a tu causa, al mar pretenda ahogar.