esquiva a veces a mis sueños
con la redecilla de mi almohada
vacía, al hombro regreso,
pero conservo algo,
que ni la distancia
ni el mismo tiempo;
impiden que te nombre.
te llevo en mi recuerdo,
presente en vísperas
que anuncian un mañana,
entonces eres una sola imagen.
sólida como la montaña
inmensa como su cielo;
verdadera como el silencio
que la protege,
con tus lecturas
en grietas ensombrecidas,
y de lunares de domino
pero pura como
la nieve que corona tu majestuosidad.
las retamas encienden tus mejillas,
al verdor de tu mirada
tan igual como las flores de amancaes;
se suma a tu candor
tu sonrisa de viento,
como vuelo de cóndor
tus cejas delineadas.
duerme en tu pelo
la noche como un velo,
que despierta el sol
con sus espigas de trigo,
dorando a ladridos e iluminando
mi senda hasta dar contigo.
hoy el cielo alberga a la noche
al paso de las estrellas, los luceros,
esa luna pálida y los nubes de algodón.
miro desde mi cerrada ventana
corrida el tul;
se anuncia una madrugada fría
pero más fría estaría mi alma,
sino te enviara estas líneas
que tienen la misión de decirte muy quedito:
te amo, mujer.