Jesús Cáñez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Lleváme allí donde la muerte no existe;
donde el arrepentimiento no va en mente,
donde aquel cereza de tus labios no miente;
allí en las cuatro rosas su color persiste
Llévame allí donde temor no me consume.
La luna y su fulgor se sienten abatidos,
por el resplandor de tus ojos son invadidos,
tu calor cual soberano su puesto asume
Llévame donde el dolor es erradicado
y tu corazón de amor se puede alcanzar;
allí la verdad absoluta pude encontrar
gracias a que el miedo se sintió abrumado
Llévame hacia ese camino infinito,
allí a donde las caricias no son de viento.
El cariño de mi alma dice lo que siento;
nos podemos fundir en un abrazo bonito.
Llévame contigo pues no te dejo de pensar,
porque allí el mundo exterior se olvida,
porque a tu lado quiero compartir mi vida
y a tu lado eternamente quiero estar.
donde el arrepentimiento no va en mente,
donde aquel cereza de tus labios no miente;
allí en las cuatro rosas su color persiste
Llévame allí donde temor no me consume.
La luna y su fulgor se sienten abatidos,
por el resplandor de tus ojos son invadidos,
tu calor cual soberano su puesto asume
Llévame donde el dolor es erradicado
y tu corazón de amor se puede alcanzar;
allí la verdad absoluta pude encontrar
gracias a que el miedo se sintió abrumado
Llévame hacia ese camino infinito,
allí a donde las caricias no son de viento.
El cariño de mi alma dice lo que siento;
nos podemos fundir en un abrazo bonito.
Llévame contigo pues no te dejo de pensar,
porque allí el mundo exterior se olvida,
porque a tu lado quiero compartir mi vida
y a tu lado eternamente quiero estar.
::
::
::