walter manuel
Poeta recién llegado
Es esta una poesía triste.
Sin pretensiones. Limpia y sencilla.
No quiero más que abrir mis canales.
No pido más.
Es esta una biografía del llanto
porque solo llanto es lo que hay ahora
en las paredes y en las puertas.
Llorar. Llorar por todo lo que hay que llorar.
Y si no hay más nada, llorar por nada.
Gritar aunque no haya nadie que escuche,
llorar y gritar entonces por eso.
Mientras lloro,
todo lo que me rodea llora también.
Hay lágrimas saliendo de los cerrojos de la puerta,
de los espejos, de los reflejos,
lágrimas bajando por las cortinas,
brotando de los grifos,
de las hornillas, de las campanas.
Llanto desbordándose en la bañera,
en las maderas, en los candelabros,
en las velas, en los santos;
las cruces lloran,
los relojes lloran, los jarrones lloran.
Un manantial de llanto bordea los escalones,
recorre los aposentos,
la sala, el comedor.
Lloran los cuadros
la burda copia del Guernica
se destiñe llorando.
Hay un mar debajo de mis pies
que moja y me golpea.
Lloro hasta siempre,
hasta convertirme yo mismo
en una lágrima
y deslizarme por mi cama,
besar el piso frío, tan frío como yo.
Fundirme en el torrente de mi llanto
y rodar calle abajo,
por las aceras empinadas.
Adentrarme en las alcantarillas,
en los tubos,
en los intestinos de la ciudad;
inundar las avenidas con mi propio llanto,
mojar los pies del indigente descalzo,
ser lamido por un perro moribundo,
tragado por los desagües
y ser vomitado al mar.
Ser entonces,
una lágrima en la arena,
arrastrada por la marea cabizbaja;
flotar en los labios del bañista
que desconoce la diferencia entre la sal del agua
y el agua de los ojos.
Ser evaporado luego
por la rabia de un sol déspota,
y ser una nube salada,
una nube de tormenta,
una nube herida.
Romper el odre maldito de los cielos,
Y llorar como lluvia,
¡llover llanto!
Sobre la ciudad, los parques
llover llanto sobre los edificios y las antenas,
mojar la selva con lágrimas,
mojar la ropa de todos,
los sombreros, las chaquetas,
los zapatos lustrados manchados de llanto;
llorar lluvia y volver a casa,
para seguir llorando en solitario.
Llorar desnudo debajo de la cobija,
y en silencio
escribir estos versos con la sangre de los párpados,
morir llorando,
llorar y morir,
porque ya no estás aquí
Sin pretensiones. Limpia y sencilla.
No quiero más que abrir mis canales.
No pido más.
Es esta una biografía del llanto
porque solo llanto es lo que hay ahora
en las paredes y en las puertas.
Llorar. Llorar por todo lo que hay que llorar.
Y si no hay más nada, llorar por nada.
Gritar aunque no haya nadie que escuche,
llorar y gritar entonces por eso.
Mientras lloro,
todo lo que me rodea llora también.
Hay lágrimas saliendo de los cerrojos de la puerta,
de los espejos, de los reflejos,
lágrimas bajando por las cortinas,
brotando de los grifos,
de las hornillas, de las campanas.
Llanto desbordándose en la bañera,
en las maderas, en los candelabros,
en las velas, en los santos;
las cruces lloran,
los relojes lloran, los jarrones lloran.
Un manantial de llanto bordea los escalones,
recorre los aposentos,
la sala, el comedor.
Lloran los cuadros
la burda copia del Guernica
se destiñe llorando.
Hay un mar debajo de mis pies
que moja y me golpea.
Lloro hasta siempre,
hasta convertirme yo mismo
en una lágrima
y deslizarme por mi cama,
besar el piso frío, tan frío como yo.
Fundirme en el torrente de mi llanto
y rodar calle abajo,
por las aceras empinadas.
Adentrarme en las alcantarillas,
en los tubos,
en los intestinos de la ciudad;
inundar las avenidas con mi propio llanto,
mojar los pies del indigente descalzo,
ser lamido por un perro moribundo,
tragado por los desagües
y ser vomitado al mar.
Ser entonces,
una lágrima en la arena,
arrastrada por la marea cabizbaja;
flotar en los labios del bañista
que desconoce la diferencia entre la sal del agua
y el agua de los ojos.
Ser evaporado luego
por la rabia de un sol déspota,
y ser una nube salada,
una nube de tormenta,
una nube herida.
Romper el odre maldito de los cielos,
Y llorar como lluvia,
¡llover llanto!
Sobre la ciudad, los parques
llover llanto sobre los edificios y las antenas,
mojar la selva con lágrimas,
mojar la ropa de todos,
los sombreros, las chaquetas,
los zapatos lustrados manchados de llanto;
llorar lluvia y volver a casa,
para seguir llorando en solitario.
Llorar desnudo debajo de la cobija,
y en silencio
escribir estos versos con la sangre de los párpados,
morir llorando,
llorar y morir,
porque ya no estás aquí
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