Danmilcot
Poeta asiduo al portal
Dama oscura abrazas
y tú no lo sabes.
Necio, ¿Qué te has creído?
¿Un dios?
¿El más grande?
La acaricias y besas
y tú no lo entiendes.
Tomas la justicia,
la proclamas en galimatías
y así haces tus guerras.
A la equidad haces ramera.
La llevas a tu alcoba
y allí la haces tuya,
mas también lo ignoras.
Investido de poder
te crees invencible,
te crees inmortal
y sólo eres carne.
¡Iluso, moscas y gusanos te acechan!
En un mágico momento,
a la mejor vista
en una velada tú cenas con ella.
Influencia maliciosa te seduce;
crees que todo gira a tu alrededor.
¡Espejismo de grandeza!.
La vistes de suntuosos atuendos,
la cubres y halagas con muchos detalles
y no estas consciente.
Cautivas las masas;
Te muestras generoso;
pero no es tu cara la que el mundo mira.
Tomas sucedáneos de la verdad,
y te crees salvación de los pueblos.
¡Absurdo, las riendas te fueron dadas!
El Señor de la casa te hizo mayordomo y te rebelaste;
tomaste lo suyo y mal lo administras.
¿Cuándo entenderás que eres como sombra?
porque tu gobierno hasta el mundo maldice y no reflexionas.
Le llevas flores y perfumes costosos
y si te preguntan no respondes nada.
Te crees la sustancia, autosuficiente;
sufres la epidemia de los muchos altivos
y después no comprendes el porqué de los males.
En el campo santo te espera un asilo
y no has cuidado lo que llevas dentro.
¿Qué harás al final?
Sobre el que gobierna está uno más grande,
que si los poderosos apreciaran
el mundo ideal no sería utopía.
Se asió y perfumó,
su atavío es un delirio,
quiere hacer un viaje;
pero no a otro estado.
Llevarte a los valles de donde ha venido
son sus pretensiones.
¡Despierta!
Bendice a los pueblos,
a las sociedades
y muere a tu tiempo
con la paz en tu alma;
mas si no, vete a los infiernos
con tu dama oscura
y déjanos vida,
y que todos los pueblos digan: ¡Amén!
y tú no lo sabes.
Necio, ¿Qué te has creído?
¿Un dios?
¿El más grande?
La acaricias y besas
y tú no lo entiendes.
Tomas la justicia,
la proclamas en galimatías
y así haces tus guerras.
A la equidad haces ramera.
La llevas a tu alcoba
y allí la haces tuya,
mas también lo ignoras.
Investido de poder
te crees invencible,
te crees inmortal
y sólo eres carne.
¡Iluso, moscas y gusanos te acechan!
En un mágico momento,
a la mejor vista
en una velada tú cenas con ella.
Influencia maliciosa te seduce;
crees que todo gira a tu alrededor.
¡Espejismo de grandeza!.
La vistes de suntuosos atuendos,
la cubres y halagas con muchos detalles
y no estas consciente.
Cautivas las masas;
Te muestras generoso;
pero no es tu cara la que el mundo mira.
Tomas sucedáneos de la verdad,
y te crees salvación de los pueblos.
¡Absurdo, las riendas te fueron dadas!
El Señor de la casa te hizo mayordomo y te rebelaste;
tomaste lo suyo y mal lo administras.
¿Cuándo entenderás que eres como sombra?
porque tu gobierno hasta el mundo maldice y no reflexionas.
Le llevas flores y perfumes costosos
y si te preguntan no respondes nada.
Te crees la sustancia, autosuficiente;
sufres la epidemia de los muchos altivos
y después no comprendes el porqué de los males.
En el campo santo te espera un asilo
y no has cuidado lo que llevas dentro.
¿Qué harás al final?
Sobre el que gobierna está uno más grande,
que si los poderosos apreciaran
el mundo ideal no sería utopía.
Se asió y perfumó,
su atavío es un delirio,
quiere hacer un viaje;
pero no a otro estado.
Llevarte a los valles de donde ha venido
son sus pretensiones.
¡Despierta!
Bendice a los pueblos,
a las sociedades
y muere a tu tiempo
con la paz en tu alma;
mas si no, vete a los infiernos
con tu dama oscura
y déjanos vida,
y que todos los pueblos digan: ¡Amén!
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