wilson yupanqui
Poeta asiduo al portal
Muchacha de Abril.
Hoy recuerdo como éramos entonces
sentados en la puerta de tu casa,
contando las hojas que caian a destiempo
sobre las matas de Begonias, Crisantemos y Alhelí,
con tu polo de algodón y tu jeans desteñido
jugando a querernos muchacha de abril.
Una vieja canción me lleva a tu encuentro
entre aroma a naranjos y jazmines floridos,
envuelto en la magia de aquel beso
soñado
con que dimos vida a la mas bella ilusión.
Tus manos entre mis manos blancas, humedecidas
uniendo temblorosas tu alma con la mía,
tu mirada inocente reflejada en mi pupila,
descubriendo sensaciones nuevas , desconocidas
estremeciendo nuestros cándidos corazones,
como un antiguo ferrocarril que viaja por las vías
uniendo paisajes hacia su destino,
interpretando en silencio el idioma del amor
con tanta ternura, muchacha de abril.
Como el viento que llega, que va y que no vuelve,
una tarde triste tuve que partir
sembrando esperanzas con una sonrisa,
juré regresar un día por ti.
Una suave llovizna anunciaba el adiós
como lágrimas tibias que duelen al caer,
y encargamos al tiempo el rosal de los sueños
que según estas cartas aún florecen por mi.
La brisa de entonces cubría mis hombros
a manera de un manto fino de ilusión,
al descansar en mis brazos como siempre lo hacía
tu rostro sereno, junto a mi corazón,
y tejiendo anhelos mis labios en tus labios
entre suspiros de amor susurraste al gemir,
un sentido te amo, que aún perdura en mi.
Hoy que te añoro con loca nostalgia
junto a una copa de vino y una foto de ti,
le pregunto a la vida, cuando será aquel día
en que hambriento de amor regrese por fín,
y una lágrima cae triste, descolorida,
al saber que estás lejos, muchacha de abril.
Hoy recuerdo como éramos entonces
sentados en la puerta de tu casa,
contando las hojas que caian a destiempo
sobre las matas de Begonias, Crisantemos y Alhelí,
con tu polo de algodón y tu jeans desteñido
jugando a querernos muchacha de abril.
Una vieja canción me lleva a tu encuentro
entre aroma a naranjos y jazmines floridos,
envuelto en la magia de aquel beso
soñado
con que dimos vida a la mas bella ilusión.
Tus manos entre mis manos blancas, humedecidas
uniendo temblorosas tu alma con la mía,
tu mirada inocente reflejada en mi pupila,
descubriendo sensaciones nuevas , desconocidas
estremeciendo nuestros cándidos corazones,
como un antiguo ferrocarril que viaja por las vías
uniendo paisajes hacia su destino,
interpretando en silencio el idioma del amor
con tanta ternura, muchacha de abril.
Como el viento que llega, que va y que no vuelve,
una tarde triste tuve que partir
sembrando esperanzas con una sonrisa,
juré regresar un día por ti.
Una suave llovizna anunciaba el adiós
como lágrimas tibias que duelen al caer,
y encargamos al tiempo el rosal de los sueños
que según estas cartas aún florecen por mi.
La brisa de entonces cubría mis hombros
a manera de un manto fino de ilusión,
al descansar en mis brazos como siempre lo hacía
tu rostro sereno, junto a mi corazón,
y tejiendo anhelos mis labios en tus labios
entre suspiros de amor susurraste al gemir,
un sentido te amo, que aún perdura en mi.
Hoy que te añoro con loca nostalgia
junto a una copa de vino y una foto de ti,
le pregunto a la vida, cuando será aquel día
en que hambriento de amor regrese por fín,
y una lágrima cae triste, descolorida,
al saber que estás lejos, muchacha de abril.
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