Carlos Aristy
Poeta que considera el portal su segunda casa
El destinado.
A Rebecca West, en su arte...
Hay caminos y cada uno tiene sus recodos en la vida.
Yo persigo los trillos que de ellos se desprenden
porque son los que nos llevan a los sitios especiales;
los lugares que no tienen puertas abiertas para los turistas.
Son como la lluvia que golpea en mi ventana
y el viento aventurero que doblega las palmeras.
Como esos recuerdos que azotan la memoria,
ventarrones de nubes relampagueantes,
que inundan el corazón y hacen brotar lágrimas imprevistas...
Esos momentos donde el tiempo se cruza con el destino.
como el arco iris después de la lluvia...
Un sendero apartado y especial, solo para el mediodía
de tu corazón, bajo la lluvia de tu alma artística.
Hoy, este trillo me lleva a ti., a la blancura de tu cuerpo,
con su contrafuego de colores, el hechizo de tu pelo en fuego,
como una caoba regia en medio de un gran salón de baile...
Hay que beberse un trago profundo para soportar
el peso de la elegía de tu cuerpo...
Hay caminos que uno desecha durante toda una vida.
Recodos que aguardan al acecho con su memoria.
Yo me quedo plasmado en tu tela, estupefacto bajo la menta
y el orégano, cautivado, por el olor impregnable de tu almendro...
A Rebecca West, en su arte...
Hay caminos y cada uno tiene sus recodos en la vida.
Yo persigo los trillos que de ellos se desprenden
porque son los que nos llevan a los sitios especiales;
los lugares que no tienen puertas abiertas para los turistas.
Son como la lluvia que golpea en mi ventana
y el viento aventurero que doblega las palmeras.
Como esos recuerdos que azotan la memoria,
ventarrones de nubes relampagueantes,
que inundan el corazón y hacen brotar lágrimas imprevistas...
Esos momentos donde el tiempo se cruza con el destino.
como el arco iris después de la lluvia...
Un sendero apartado y especial, solo para el mediodía
de tu corazón, bajo la lluvia de tu alma artística.
Hoy, este trillo me lleva a ti., a la blancura de tu cuerpo,
con su contrafuego de colores, el hechizo de tu pelo en fuego,
como una caoba regia en medio de un gran salón de baile...
Hay que beberse un trago profundo para soportar
el peso de la elegía de tu cuerpo...
Hay caminos que uno desecha durante toda una vida.
Recodos que aguardan al acecho con su memoria.
Yo me quedo plasmado en tu tela, estupefacto bajo la menta
y el orégano, cautivado, por el olor impregnable de tu almendro...
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