GUADALUPE SEQUEIRA
Poeta recién llegado
Confieso, que he besado a muchas mujeres,
de sus labios tiernos y perezosos e inyectado mi candor,
transfiriendo mi sangre, el veneno, la pasión que llevo dentro,
les he dado mis amapolas, mis claveles que aun no han despertado,
y a todas las he llevado a un sueño que muchas a un no han despertado.
Confieso también había besado con sangre pero sin mi corazón embotado,
que tus labios son rosas que me han dado sus pétalos y han chupado mi ternura,
que el ardor de mi alma con pasiones bajas, nacieron querubines que entonaban tu gloria.
Confieso que no he dormido en muchas noches, y días que he dormido,
buscando en la fría noche el calor de un cuerpo de mujer,
redondo aceitunado, con su gracia y su pecado, con pies hermosos,
con su desnudez que nunca se desnuda y que nunca dejo vestirse,
que los excesos han sido muchos y muchos los logros de este cuerpo decrépito.
Confieso, que un cuerpo no había tenido el embrujo y en el encanto del tuyo,
sencillo, terreno, frágil, blanco como mármol y yeso,
con su inocencia que se impregna encada palmo de tu piel que adorna tus curvas
y de su amor la inmensurabilidad de lo inalcanzable.
Confieso que no he sido un santo ni un ángel ni devoto a un santo, ni mucho menos creyente,
he usurpado mis creencias y las he desterrado de mi alma no corrupta pero no beata,
que he prometido mentiras y mentiras las he convertidos en verdades,
en corazones femeninos que los he llenado de mariposas e ilusiones destellantes,
han creído porque les he mostrado la luz de mis noches y el calor de mis inviernos.
Confieso que contigo muchacha de caminado ondulante, he mandado al exilio mis mentiras,
en tus manos en puesto mil verdades, dolorosas como espinas en tus rosas,
que tu corazón inocente y puro lo he tocado con la gracia de los últimos sacramentos,
y que he llevado solo la gracia que poco habita a tu quimérica alma,
y que la he forjado con mis manos que solo han tenido la ternura que nunca he poseído.
Confieso amor mío, que he sido un infame, mentiroso y un diablo,
pero tu rostro de azucena de manos que poseen las perlas de la inocencia,
me convierto y me postro, milagro ambulante,
y he descubierto el amor que resguardo de tanto camino y de tanto odio,
tus ojos de aurora y tu voz de ocaso, me han socavado mis simientes,
ahora arrepentido de mi pasado solo confieso que contigo he vivido.
Para ti Mercedes Isabel
de sus labios tiernos y perezosos e inyectado mi candor,
transfiriendo mi sangre, el veneno, la pasión que llevo dentro,
les he dado mis amapolas, mis claveles que aun no han despertado,
y a todas las he llevado a un sueño que muchas a un no han despertado.
Confieso también había besado con sangre pero sin mi corazón embotado,
que tus labios son rosas que me han dado sus pétalos y han chupado mi ternura,
que el ardor de mi alma con pasiones bajas, nacieron querubines que entonaban tu gloria.
Confieso que no he dormido en muchas noches, y días que he dormido,
buscando en la fría noche el calor de un cuerpo de mujer,
redondo aceitunado, con su gracia y su pecado, con pies hermosos,
con su desnudez que nunca se desnuda y que nunca dejo vestirse,
que los excesos han sido muchos y muchos los logros de este cuerpo decrépito.
Confieso, que un cuerpo no había tenido el embrujo y en el encanto del tuyo,
sencillo, terreno, frágil, blanco como mármol y yeso,
con su inocencia que se impregna encada palmo de tu piel que adorna tus curvas
y de su amor la inmensurabilidad de lo inalcanzable.
Confieso que no he sido un santo ni un ángel ni devoto a un santo, ni mucho menos creyente,
he usurpado mis creencias y las he desterrado de mi alma no corrupta pero no beata,
que he prometido mentiras y mentiras las he convertidos en verdades,
en corazones femeninos que los he llenado de mariposas e ilusiones destellantes,
han creído porque les he mostrado la luz de mis noches y el calor de mis inviernos.
Confieso que contigo muchacha de caminado ondulante, he mandado al exilio mis mentiras,
en tus manos en puesto mil verdades, dolorosas como espinas en tus rosas,
que tu corazón inocente y puro lo he tocado con la gracia de los últimos sacramentos,
y que he llevado solo la gracia que poco habita a tu quimérica alma,
y que la he forjado con mis manos que solo han tenido la ternura que nunca he poseído.
Confieso amor mío, que he sido un infame, mentiroso y un diablo,
pero tu rostro de azucena de manos que poseen las perlas de la inocencia,
me convierto y me postro, milagro ambulante,
y he descubierto el amor que resguardo de tanto camino y de tanto odio,
tus ojos de aurora y tu voz de ocaso, me han socavado mis simientes,
ahora arrepentido de mi pasado solo confieso que contigo he vivido.
Para ti Mercedes Isabel
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