alexjor
Poeta recién llegado
Vida, sentimiento
que lentamente se escapa de mi carne,
amor; deseo que nunca vi en tu rostro
y hoy, solo me pides…olvidarte,
en el ojo de la bajeza
perdido en tu mirada,
mis manos están ensangrentadas
y mi corazón orgulloso,
con un sonrisa falsa en el rostro
con carmín en mis labios,
y solo, lentamente te alejas en la tormenta
con mi última razón de existencia…tu cuerpo.
Dios; aquel que clava a un costado
la daga de la muerte,
luz; aquella que confundo con la oscuridad,
y nunca fuiste de verdad
nunca, nunca desnudaste el corazón,
solo una imagen estática a mí,
solo uno más, que quiso
quizás dormir en tu jardín,
y hoy se congela en el frío del desprecio
que agoniza en el lodo y repta hacía el dolor.
Escúchame gritar tu nombre al viento
mientras los ecos de mi voz,
me desprenden del vacío de tus palabras, mudas,
cielo; aquel dulce manjar, efímero
que nunca pude probar,
silencio; las huellas leves de carmín
en mis labios – en mi alma,
y solo queda el recuerdo sobre mí
y solo queda el triste desván de sueños.
Siente mis manos frías sobre la nieve
escucha mis palabras mudas de amor,
pasión; es el reflejo de tú cuerpo sobre mi piel
belleza; es el juego despiadado del corazón,
no fui invitado al festín
de deseos y amor, en tu cuerpo – en tus labios,
y lentamente me arrastrabas a tu abismo
quemabas mis alas, en la hoguera del dolor
lentamente me fue absorbiendo el recuerdo
en jardines sombríos,
y en la oscuridad pude ver mi alma rogando
no fui invitado a tu jardín
pero si a mi funeral, oscuro designio de la luz
sobre tus palabras, no fui a tu jardín
pero fui por el que lloraban, en este triste réquiem.
que lentamente se escapa de mi carne,
amor; deseo que nunca vi en tu rostro
y hoy, solo me pides…olvidarte,
en el ojo de la bajeza
perdido en tu mirada,
mis manos están ensangrentadas
y mi corazón orgulloso,
con un sonrisa falsa en el rostro
con carmín en mis labios,
y solo, lentamente te alejas en la tormenta
con mi última razón de existencia…tu cuerpo.
Dios; aquel que clava a un costado
la daga de la muerte,
luz; aquella que confundo con la oscuridad,
y nunca fuiste de verdad
nunca, nunca desnudaste el corazón,
solo una imagen estática a mí,
solo uno más, que quiso
quizás dormir en tu jardín,
y hoy se congela en el frío del desprecio
que agoniza en el lodo y repta hacía el dolor.
Escúchame gritar tu nombre al viento
mientras los ecos de mi voz,
me desprenden del vacío de tus palabras, mudas,
cielo; aquel dulce manjar, efímero
que nunca pude probar,
silencio; las huellas leves de carmín
en mis labios – en mi alma,
y solo queda el recuerdo sobre mí
y solo queda el triste desván de sueños.
Siente mis manos frías sobre la nieve
escucha mis palabras mudas de amor,
pasión; es el reflejo de tú cuerpo sobre mi piel
belleza; es el juego despiadado del corazón,
no fui invitado al festín
de deseos y amor, en tu cuerpo – en tus labios,
y lentamente me arrastrabas a tu abismo
quemabas mis alas, en la hoguera del dolor
lentamente me fue absorbiendo el recuerdo
en jardines sombríos,
y en la oscuridad pude ver mi alma rogando
no fui invitado a tu jardín
pero si a mi funeral, oscuro designio de la luz
sobre tus palabras, no fui a tu jardín
pero fui por el que lloraban, en este triste réquiem.