POEMA XII
Salpicada está mi piel
de toda las sombras
y de todo tu silencio.
Ya no tengo edad ni tiempo
para derramar; se me vertió
la vida en los ovillos tutelares
donde los soles no entibian
las tinieblas, ni los vientos agitan
la luz de la primavera.
Porque en medio de las horas
hiladas con el amarillo de tu ausencia
llegó la sequía de mis palabras...
porque cabe en el horizonte
un corazón de oscuras violetas
que caen de tumbos
como cae la cerradura
del silencio.
!Maldita sentencia¡
no sé cómo se olvidan tus ojos,
cómo se besa el pasado
sin que duelan las entrañas..
EBAN
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