Jesús Cáñez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Musa hermosa, que, magna, al corazón
placer has dado entero en mi contento,
permite que repase con mis dedos
las curvas que delínean tu figura
(toda tu arquitectura);
bríndame las delicias de tu aroma,
lléname de pasión
que quiero de tu cuerpo ser portento,
tenerte piel a piel y fuera miedos
-mira, que amor se asoma-.
Ven dame de tu vida
las palabras y glorias consagradas
que quiero estar contigo,
cubrirte cual abrigo
y poder abrigarte hasta los huesos.
Abrázame, querida,
y tenme en tus pisadas,
tus sueños, pensamientos y miradas;
entrégame tus besos
y dame de tu imperio;
dame tu noche, tarde y dulce día;
dame el agua y el fuego;
ven a darme sosiego
y entrégate a mis brazos que eres mía.
placer has dado entero en mi contento,
permite que repase con mis dedos
las curvas que delínean tu figura
(toda tu arquitectura);
bríndame las delicias de tu aroma,
lléname de pasión
que quiero de tu cuerpo ser portento,
tenerte piel a piel y fuera miedos
-mira, que amor se asoma-.
Ven dame de tu vida
las palabras y glorias consagradas
que quiero estar contigo,
cubrirte cual abrigo
y poder abrigarte hasta los huesos.
Abrázame, querida,
y tenme en tus pisadas,
tus sueños, pensamientos y miradas;
entrégame tus besos
y dame de tu imperio;
dame tu noche, tarde y dulce día;
dame el agua y el fuego;
ven a darme sosiego
y entrégate a mis brazos que eres mía.
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