Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
ÓPTICA DE LOS INSTANTES
Una mariposa
revolotea lo puro
con cada aleteo
despercude el mundo.
Afuera, en su pasillo,
la senectud del agua
derrama cuezos de lumbre
sobre los aleros de las casas.
El mediodía recauda aguaceros
con tinajas de hiedras mortecinas.
Un hombre empecinado en su vigilia
equilibra de cabeza
el cieno oculto de la hora.
Ésta palabra
ávida de sol, de mansedumbre,
consuela apenas
las manos parcas de lo herido.
Una mariposa
revolotea lo puro
con cada aleteo
despercude el mundo.
Afuera, en su pasillo,
la senectud del agua
derrama cuezos de lumbre
sobre los aleros de las casas.
El mediodía recauda aguaceros
con tinajas de hiedras mortecinas.
Un hombre empecinado en su vigilia
equilibra de cabeza
el cieno oculto de la hora.
Ésta palabra
ávida de sol, de mansedumbre,
consuela apenas
las manos parcas de lo herido.
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