JUAN MATIAS ARMANO
Poeta recién llegado
Ya no miro la lluvia
grisácea,
ese aguacero de negro
que cae bajo calles opacas.
Ya no observo su lluvia
volcánica,
quien encierra al corazón
y cohíbe a mi alma arrinconada.
Ahora veo el arco iris,
explayándose
en los deslindes
de un henchido humo de cascada.
Qué sería
del paraguas,
sin su purpúreo cielo
pincelando la alborada.
Qué sería
de mi niebla,
una sábana inconexa
sin razón y desvarío.
Y hacia dónde
plasmarían el recuadro,
de aquel beso enamorado
por las sendas de los charcos.
grisácea,
ese aguacero de negro
que cae bajo calles opacas.
Ya no observo su lluvia
volcánica,
quien encierra al corazón
y cohíbe a mi alma arrinconada.
Ahora veo el arco iris,
explayándose
en los deslindes
de un henchido humo de cascada.
Qué sería
del paraguas,
sin su purpúreo cielo
pincelando la alborada.
Qué sería
de mi niebla,
una sábana inconexa
sin razón y desvarío.
Y hacia dónde
plasmarían el recuadro,
de aquel beso enamorado
por las sendas de los charcos.
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