Batallas de escuela

cesarfco.cd

Poeta que no puede vivir sin el portal
“Puedo volar”

me decía contento.

Yo lo veía temblar

con su bolsa de cemento.



“Nadie me quiere”

es su canción eterna.

La luz le hiere

y el estira la pierna.



Cada caso se repite,

en una batalla perdida.

Nadie dará el desquite

para salvar esta vida.



De tan delgado

lo levanta una enfermera.

En los brazos colgado

como si de paño fuera.



Me muerdo los labios

y regreso a mi tarea.



Este tipo de batallas

se ganan en la escuela.



 
“Puedo volar”

me decía contento.

Yo lo veía temblar

con su bolsa de cemento.



“Nadie me quiere”

es su canción eterna.

La luz le hiere

y el estira la pierna.



Cada caso se repite,

en una batalla perdida.

Nadie dará el desquite

para salvar esta vida.



De tan delgado

lo levanta una enfermera.

En los brazos colgado

como si de paño fuera.



Me muerdo los labios

y regreso a mi tarea.



Este tipo de batallas

se ganan en la escuela.





Muy bueno Casar. Es cierto que muchas cosas se ganan en la escuela, sobre todo la autoestima y la educación, el saber y el relacionarse con los demas.
 
“Puedo volar”

me decía contento.

Yo lo veía temblar

con su bolsa de cemento.



“Nadie me quiere”

es su canción eterna.

La luz le hiere

y el estira la pierna.



Cada caso se repite,

en una batalla perdida.

Nadie dará el desquite

para salvar esta vida.



De tan delgado

lo levanta una enfermera.

En los brazos colgado

como si de paño fuera.



Me muerdo los labios

y regreso a mi tarea.



Este tipo de batallas

se ganan en la escuela.





Maravilloso verso, amigo Césarfco. Me hiciste recordar que hace muchos años, 25 o 30, aproximadamente, ví un mendigo moribundo frente a una iglesia en Carmelitas, en la ciudad de Caracas. Las personas lo contemplaban asombradas, pero nadie decidía hacer nada; yo era muy jovencita, era el primer caso de una persona moribunda en la calle que veía; recuerdo que hasta el párroco de la iglesia pasó a un lado del mendigo moribundo y tampoco hizo nada. Lamentablemente continué mi camino asombrada sin hacer nada tampoco; pienso que estas actitudes en los seres humanos, surgen por falta de conciencia, de educación, de amor, por tanto individualismo que arropa también a la iglesia; y la propia mendicidad obedece a las mismas razones.

Aplaudo tu verso triste y hermoso y te envío muchas estrellas, besos y abrazos de Dilia.
 
Maravilloso verso, amigo Césarfco. Me hiciste recordar que hace muchos años, 25 o 30, aproximadamente, ví un mendigo moribundo frente a una iglesia en Carmelitas, en la ciudad de Caracas. Las personas lo contemplaban asombradas, pero nadie decidía hacer nada; yo era muy jovencita, era el primer caso de una persona moribunda en la calle que veía; recuerdo que hasta el párroco de la iglesia pasó a un lado del mendigo moribundo y tampoco hizo nada. Lamentablemente continué mi camino asombrada sin hacer nada tampoco; pienso que estas actitudes en los seres humanos, surgen por falta de conciencia, de educación, de amor, por tanto individualismo que arropa también a la iglesia; y la propia mendicidad obedece a las mismas razones.

Aplaudo tu verso triste y hermoso y te envío muchas estrellas, besos y abrazos de Dilia.

Así pasa en las urbes... nos convertimos en testigos inhertes.

Gracias, Dalia, por leerlo y comentarlo.
 

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