legendario
Poeta que considera el portal su segunda casa
Dame tus manos
para hacer un puente
entre dos corazones
anhelantes
y sentir el explotar
de sístoles
en lavas de sangre
incandescente,
burbujear a orillas
de tu piélago.
Te juro que bajaré
los párpados
y quebraré
mis pupilas
al fulmíneo
fuego de tus miradas.
Miradas que
en extravío pálido,
suplican la caricia
reiterada
y el insistente pisonear
de mis caderas,
golpeando la muralla
de tu acantilado.
Gritaré por si acaso
el eco me devuelva
las ganas de vivir
que en los ayes
de un gemido
se escaparon.
Te cantaré dichosa
por pecar sin concebir
y arrojaré monedas
al pozo de la dicha
que cumplió fielmente
mis anhelos.
Y al final,
cuando enmudezca
el aire,
atraparé al genio
que escapó de la lámpara,
para saciar cuantas veces
mis deseos.
para hacer un puente
entre dos corazones
anhelantes
y sentir el explotar
de sístoles
en lavas de sangre
incandescente,
burbujear a orillas
de tu piélago.
Te juro que bajaré
los párpados
y quebraré
mis pupilas
al fulmíneo
fuego de tus miradas.
Miradas que
en extravío pálido,
suplican la caricia
reiterada
y el insistente pisonear
de mis caderas,
golpeando la muralla
de tu acantilado.
Gritaré por si acaso
el eco me devuelva
las ganas de vivir
que en los ayes
de un gemido
se escaparon.
Te cantaré dichosa
por pecar sin concebir
y arrojaré monedas
al pozo de la dicha
que cumplió fielmente
mis anhelos.
Y al final,
cuando enmudezca
el aire,
atraparé al genio
que escapó de la lámpara,
para saciar cuantas veces
mis deseos.
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