sdontleo
Poeta fiel al portal
Me acaricia las mejillas moribundo anciano,
tenuemente me sonríe mirándome a los ojos,
y sin soplar mi cabellera, suavemente me susurra
un verso
Yo lo miro y sesgo mis manitas
al compás de su destierro,
escondiendo mis rodillas a la vez,
de aquel manto que lo embarga
de la noche y de sus rimas.
Lo he mirado,
empapando su almohadilla del enrollo
de una brisa, anhelando poder robar una sonrisa
de aquella noche de partida.
Y después del llanto mío,
Se acongoja un verso
al compás de su destierro,
escondiendo mis rodillas a la vez,
de aquel manto que lo embarga
de la noche y de sus rimas.
Lo he mirado,
empapando su almohadilla del enrollo
de una brisa, anhelando poder robar una sonrisa
de aquella noche de partida.
Y después del llanto mío,
Se acongoja un verso
Es un gallardo libro ajeno,
que no es del mundo,
es del cielo
Ha librado mil quinientas noches
junto al mar de sus desvelos,
destilando rosas de la sal y el hielo,
para librarse de la vida,
y huir a solas con la muerte.
Remembrar su cabalgadura
es lo que no hará la gente,
mas galopando está la espada
con alas de aventura,
que entre tanto amor
lo arrebato del polvo,
y lo puso en sus espaldas
que no es del mundo,
es del cielo
Ha librado mil quinientas noches
junto al mar de sus desvelos,
destilando rosas de la sal y el hielo,
para librarse de la vida,
y huir a solas con la muerte.
Remembrar su cabalgadura
es lo que no hará la gente,
mas galopando está la espada
con alas de aventura,
que entre tanto amor
lo arrebato del polvo,
y lo puso en sus espaldas
Musita con anhelo a mi portal,
tratando de encostrar la noche aquella,
y al mirarlo nuevamente,
capto que el más y más se aleja,
como la magnolia de la vida,
como el trébol de sus rimas,
que se secan entre mis dedos
y tocan el timpánico hogar
de mis aullidos.
Después de cantarle con mis ojos,
y navegar entre su cuna,
me repite así de suavecito,
un verso adolorido
tratando de encostrar la noche aquella,
y al mirarlo nuevamente,
capto que el más y más se aleja,
como la magnolia de la vida,
como el trébol de sus rimas,
que se secan entre mis dedos
y tocan el timpánico hogar
de mis aullidos.
Después de cantarle con mis ojos,
y navegar entre su cuna,
me repite así de suavecito,
un verso adolorido
He resucitado allí con él, saboreando el laúd
de la luna, y entre cada nota aguda,
él se va, y se va.
Como las cosas que terminan
y Como las que vuelven a comenzar,
le repito yo,
un verso adolorido
de la luna, y entre cada nota aguda,
él se va, y se va.
Como las cosas que terminan
y Como las que vuelven a comenzar,
le repito yo,
un verso adolorido
Se fue tan solo cabalgando entre la cósmica rima
al ver que el mar deshace el paso de babieca
y que al final del verso aquí ya nada queda,
muerdo el verso adolorido
al ver que el mar deshace el paso de babieca
y que al final del verso aquí ya nada queda,
muerdo el verso adolorido
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