Cuando necesité un abrazo y el sol me lo negó

Kabuki

Poeta recién llegado
Cuando necesité un abrazo y el sol me lo negó


Al lado, entre céspedes
y barro, la mesa de palacio
y el mueble de focos,
chicas de blancura argentina
y muchachos de lozanía boliviana,
comparten risas, carbón
e Islam.


Corren las horas, los corazones
de papel arden en fuego.
Ave fénix, pájaro que surca por
la bahía de hielo.


Se extinguen muchos,
se les evapora el licor de caramelo,
como el terno, mi futuro chalet,
la promesa del trigal.


Nadie me besa, ni la nena
que aspira su soledad en el baño
y toca la entrepierna del gil
de camisa negra.


Mi boca es un convento,
un horno de carnicería,
el alhelí tostado en la sartén.


Recuerdo, la put... madr...
que debo recoger
mis pasos como los muertos,
toparme con el monolito de Papá,
y comer turrón de mermelada.


!Mierda!, en los bordes del inodoro
y en mi vida.
Ya no reían por dicha
sino por monos,
no hablaban las rubias al pomo
de sexo sino de celular;
al sexólogo clandestino le
dolía el riñón y asentir el cuello,
y a la cebra y al tucán se
les iba el verbo por el humo y el labial.


Y yo..., como un imbécil tigre,
como cuando necesité
un abrazo y el sol me lo negó,
observo a la novia de mi amigo
que tal ángel rescata de
ese purgatorio de cemento
a la madera de su templo
con el fin de ir a viajar, viajar.
 
Cuando necesité un abrazo y el sol me lo negó



Al lado, entre céspedes
y barro, la mesa de palacio
y el mueble de focos,
chicas de blancura argentina
y muchachos de lozanía boliviana,
comparten risas, carbón
e Islam.


Corren las horas, los corazones
de papel arden en fuego.
Ave fénix, pájaro que surca por
la bahía de hielo.


Se extinguen muchos,
se les evapora el licor de caramelo,
como el terno, mi futuro chalet,
la promesa del trigal.


Nadie me besa, ni la nena
que aspira su soledad en el baño
y toca la entrepierna del gil
de camisa negra.


Mi boca es un convento,
un horno de carnicería,
el alhelí tostado en la sartén.


Recuerdo, la put... madr...
que debo recoger
mis pasos como los muertos,
toparme con el monolito de Papá,
y comer turrón de mermelada.


!Mierda!, en los bordes del inodoro
y en mi vida.
Ya no reían por dicha
sino por monos,
no hablaban las rubias al pomo
de sexo sino de celular;
al sexólogo clandestino le
dolía el riñón y asentir el cuello,
y a la cebra y al tucán se
les iba el verbo por el humo y el labial.


Y yo..., como un imbécil tigre,
como cuando necesité
un abrazo y el sol me lo negó,
observo a la novia de mi amigo
que tal ángel rescata de
ese purgatorio de cemento
a la madera de su templo


con el fin de ir a viajar, viajar.




Me gusta tu forma de escribir... es muy particular... Felicidades
 

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