Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
¿Cuántos silencios alimentan las intolerancias?...
Infinitos silencios...
Desde que soñamos ser las únicas voces
las únicas formas de vida
los únicos dioses
empezamos a ser amantes del silencio.
El silencio decretado es un crimen en contra de las voces:
se degüellan razones
se repudian verdades o mentiras por decreto
se establecen dictaduras del símbolo que sean.
¡Qué importan los colores de las mordazas
si las mordazas buscan silenciar los gritos de los hombres!
¿Quién dijo que lo importante era tener coincidencias plenas?;
acaso no es más importante compartir visiones e ideas.
¡Qué difícil es defender la intolerancia
o ser partidario de la imposición!
No hay tumbas para las palabras
las palabras se imprimen y se guardan entre páginas cotidianas
para luego cobrar vida y volar como golondrina
más allá del alcance de las balas.
Los nombres de los muertos
viajan en la mente de los hombres mudos
más mudos que la pena
la que, llena de harapos, limosnea
la dignidad humana
del quien se ha dejado convertir en lacayo
del que escuda sus secretos en silencios.
Quien censura asesina más que a hombres:
asesina la razón, persigue al discernimiento.
En esa lucha vana de poner entre celdas la palabra
señala caminos para los sátrapas
para que la mordaza deje de ser mordaza y se convierta en rostro
en estigma despreciable del criminal hacedor de silencios
Quien aniquila la libertad de expresión
lo hace porque no tiene argumentos para sostener un diálogo,
teme a la polémica como recurso válido para desnudar a la mentira.
Quien acalla las voces algo intenta
algo oculta
algo sucio guarda
y quiere que se convierta en silencio.
Quien defiende a las mordazas
está suplicando que le pongan una.
Está suplicando ser ayuda
para construir muros de silencios
donde una sola voz haciendo eco
representa el ridículo papel de querer ser
ella sola..., todo el universo.
Nuestros riesgos son evidentes:
los Golpes de Estado
y la muerte de la Libertad de Expresión:
las dos alas que hacen volar al buitre.
Infinitos silencios...
Desde que soñamos ser las únicas voces
las únicas formas de vida
los únicos dioses
empezamos a ser amantes del silencio.
El silencio decretado es un crimen en contra de las voces:
se degüellan razones
se repudian verdades o mentiras por decreto
se establecen dictaduras del símbolo que sean.
¡Qué importan los colores de las mordazas
si las mordazas buscan silenciar los gritos de los hombres!
¿Quién dijo que lo importante era tener coincidencias plenas?;
acaso no es más importante compartir visiones e ideas.
¡Qué difícil es defender la intolerancia
o ser partidario de la imposición!
No hay tumbas para las palabras
las palabras se imprimen y se guardan entre páginas cotidianas
para luego cobrar vida y volar como golondrina
más allá del alcance de las balas.
Los nombres de los muertos
viajan en la mente de los hombres mudos
más mudos que la pena
la que, llena de harapos, limosnea
la dignidad humana
del quien se ha dejado convertir en lacayo
del que escuda sus secretos en silencios.
Quien censura asesina más que a hombres:
asesina la razón, persigue al discernimiento.
En esa lucha vana de poner entre celdas la palabra
señala caminos para los sátrapas
para que la mordaza deje de ser mordaza y se convierta en rostro
en estigma despreciable del criminal hacedor de silencios
Quien aniquila la libertad de expresión
lo hace porque no tiene argumentos para sostener un diálogo,
teme a la polémica como recurso válido para desnudar a la mentira.
Quien acalla las voces algo intenta
algo oculta
algo sucio guarda
y quiere que se convierta en silencio.
Quien defiende a las mordazas
está suplicando que le pongan una.
Está suplicando ser ayuda
para construir muros de silencios
donde una sola voz haciendo eco
representa el ridículo papel de querer ser
ella sola..., todo el universo.
Nuestros riesgos son evidentes:
los Golpes de Estado
y la muerte de la Libertad de Expresión:
las dos alas que hacen volar al buitre.
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