sdontleo
Poeta fiel al portal
Recuerdo aquella tarde
cuando empecé a ser poeta,
cuando a la tumba de mi abuela
recitaba con los ojos salpicados,
mientras su oído,
su oído se escondía
de mi voz,
de mi poesía
Cuando añoraba sus consejos,
y su voz se hacía ensueño,
cuando la tarde se nublaba
con el lloro de su alma,
cuando las aves me enseñaban
su sonrisa hecha poesía,
y desclavaban sus plumas
en señal de luto agónico,
y las ponían en mis manos,
y las ponían en mi boca
Recuerdo aquella tarde,
cuando emprendí con poesía,
cuando la inquiría entre la gente,
entre mis tíos y parientes,
y la buscaba entre los pasos de mi abuelo,
y ella
ella andaba con su hombre adolorido,
dibujándole un vergel entre el calvario,
regalándole su ojos y sonrisa
entre las curvas abatidas de su viejo pañuelo.
Ella, la que anegaba el llanto de mi madre,
llanto que me trajo un verso sacrosanto,
una copla tan bendita
que plasmaba en mis recuerdos
Recuerdo aquella noche,
después de aquella tarde,
cuando comencé a escribir,
cuando la pluma hecha canija
emprendió su cruento vuelo,
buscando entre su mundo su consuelo,
por sus sueños,
por sus ansias de vivir
Mi madre,
mi madre es ahora
ese rostro puro que perdí,
pues su madre me enseñó el camino,
el camino del silencio,
por el cual se anda sin sentir la herida,
por el cual se calla el amor latiente,
ese camino por el cual,
por el cual se escriben
esas horas tan eternas,
tan eternas sin consuelo,
desde que ella -mi abuela-,
se me fue
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