Ross Ross
Poeta fiel al portal
La noche late en lágrimas de fuego.
El sudor se funde en besos de seda.
Mimo de rosas lame la vereda
de la pasión tierna y el calor ciego.
La noche arde en las perlas del juego
y siente el suspiro de roja alegría
como si las llamas de un nuevo día
tiñeran de luz a la triste luna.
Y sus pétalos de esencia moruna
frotan la tarde de mi fantasía.
Un vendaval de pupilas ardientes
chamusca las entrañas de nuestra alma,
excita en gotas mares de calma
y enlaza dos dulces furias hirvientes.
Y las sombras de los años dolientes
se diluyen en olas de cariño,
en roces salvajes de un amor niño
y en labios húmedos de fiel deseo,
que con mis dedos de lluvia moldeo
en deliciosas caricias de armiño.
Los perfiles que dibujan la aurora
y el pálido sol del susurro toco;
La aurora furiosa de un lince loco,
los rayos de sol que el tacto decora,
las fresas de oro y piel que el alma adora.
Dulce vaivén de suaves emociones.
Blando soplo de lindas emociones,
cuyo fragor de látigo tirita
en las nubes de esta gloria unidita
y en el paraíso de mis ilusiones.
Una sonrisa irisada se muere
entre los lirios de débil delicia
y el rocío de otra eterna caricia
entre sus párpados de niebla muere,
como un puñal de corazón que hiere.
¡Qué brote el siempre! ¡Que caiga el olvido!.
Mas toda noche encierra un sol dormido...
...Aunque, mientras, los magos del murmullo,
los blancos amantes del tierno arrullo
se cubren de fiel sueño compartido.
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