Cuanta ausencia maldecida
¡Oh!... Cuanta ausencia maldecida
me impone tu lejanía.
Cuantos pecados cometo
reclamando tus caricias.
Esas caricias caducas,
tan lejanas, ya vencidas.
Esas caricias que añoran
los mil versos que anunciaban.
Y que jamás dibujaron otro cuerpo
con más mimo que mi cuerpo,
con más pasión y más celo,
con más temor a perderlo.
me impone tu lejanía.
Cuantos pecados cometo
reclamando tus caricias.
Esas caricias caducas,
tan lejanas, ya vencidas.
Esas caricias que añoran
los mil versos que anunciaban.
Y que jamás dibujaron otro cuerpo
con más mimo que mi cuerpo,
con más pasión y más celo,
con más temor a perderlo.
Mis caricias, hoy, calladas.
Relegadas al silencio.
Ignoradas.
Resignadas
a perderse porque nadie las reclama.
van añorando el deseo
tan ansiado del regreso.
Relegadas al silencio.
Ignoradas.
Resignadas
a perderse porque nadie las reclama.
van añorando el deseo
tan ansiado del regreso.
Y mientras, tú estás allí.
Desnuda y temblorosa,
necesitando el abrigo
y el calor de mis manos,
que casi marchitas, no saben soñar.
No recuerdan tus pechos
y el palpitar de tu corazón.
ese corazón que es mío
y solo espera a que yo lo reclame.
Desnuda y temblorosa,
necesitando el abrigo
y el calor de mis manos,
que casi marchitas, no saben soñar.
No recuerdan tus pechos
y el palpitar de tu corazón.
ese corazón que es mío
y solo espera a que yo lo reclame.