Susana del Rosal
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tu sonrisa de niña,
blanca, nítida, pura
y tu mirada suave,
resignada,
están aquí, debajo
de esta tierra mojada.
Vengo a entregarte el beso
que nunca llegué a darte
y a dejarte una rosa
entre mis lágrimas.
Perdóname si el tiempo
no me ha dado consuelo,
que aún te llore tanto
sabiendo que no estás.
A veces te presiento
consciente de tu ausencia
y el dolor me desgarra
a ratos, como hoy.
Y me invaden los miedos
de saber que no hay nadie
que me llene los aires
de esa clase de amor.
Yo sé que no te fuiste,
porque un día me dijiste
que te tendría por siempre
si podía recordar
tus consejos, tus rezos,
las velas de tus santos,
los colibríes del patio
y el olor de tu hogar.
Entiendo que te tengo,
¿por qué no siento paz?
blanca, nítida, pura
y tu mirada suave,
resignada,
están aquí, debajo
de esta tierra mojada.
Vengo a entregarte el beso
que nunca llegué a darte
y a dejarte una rosa
entre mis lágrimas.
Perdóname si el tiempo
no me ha dado consuelo,
que aún te llore tanto
sabiendo que no estás.
A veces te presiento
consciente de tu ausencia
y el dolor me desgarra
a ratos, como hoy.
Y me invaden los miedos
de saber que no hay nadie
que me llene los aires
de esa clase de amor.
Yo sé que no te fuiste,
porque un día me dijiste
que te tendría por siempre
si podía recordar
tus consejos, tus rezos,
las velas de tus santos,
los colibríes del patio
y el olor de tu hogar.
Entiendo que te tengo,
¿por qué no siento paz?
