TAVOAM
Poeta veterano
EN ESTA HAMACA DEL TIEMPO
Aquí estoy
casi muriendo
con un libro viejo
y dos rosas rojas bien aferradas
por mi mano que dormía en tus senos
con el aroma a lluvia en esa ventana
donde dibujabas nuestro futuro
con el alma en la punta de los dedos
en esta hamaca que es el tiempo
que nos devuelve siempre al principio
y nos limpia los senderos
encontrando viejas huellas
bajo las pisadas de ahora.
Con tu sonrisa aquerenciada en mi memoria
esa que puedo dibujar incluso ciego
sin siquiera mirarte
sin siquiera amarte
con la perfección del contorno de tus labios
bajo un martes olvidado de septiembre
espantando inviernos con caricias
allí donde dejan de bostezar las estrellas
porque eres dueña de la noche
y de los minutos vacíos
y de esta triste vida
que me escupió el destino
besando la muerte en tu ausencia.
Nadie lamió mis penas
porque eran tuyas desde tu partida
nadie tuvo un rostro
diferente al tuyo
ni una voz
o un murmullo
más fuerte que tu silencio
y ni por asomo
una mirada capaz
de superar la belleza
de este aroma a lluvia
de un libro viejo
y dos rosas rojas
bien aferradas por mi mano
que extraña tus senos
una mirada así
capaz de dejarme sin aliento
justo ahora
que estoy casi viviendo.
Aquí estoy
casi muriendo
con un libro viejo
y dos rosas rojas bien aferradas
por mi mano que dormía en tus senos
con el aroma a lluvia en esa ventana
donde dibujabas nuestro futuro
con el alma en la punta de los dedos
en esta hamaca que es el tiempo
que nos devuelve siempre al principio
y nos limpia los senderos
encontrando viejas huellas
bajo las pisadas de ahora.
Con tu sonrisa aquerenciada en mi memoria
esa que puedo dibujar incluso ciego
sin siquiera mirarte
sin siquiera amarte
con la perfección del contorno de tus labios
bajo un martes olvidado de septiembre
espantando inviernos con caricias
allí donde dejan de bostezar las estrellas
porque eres dueña de la noche
y de los minutos vacíos
y de esta triste vida
que me escupió el destino
besando la muerte en tu ausencia.
Nadie lamió mis penas
porque eran tuyas desde tu partida
nadie tuvo un rostro
diferente al tuyo
ni una voz
o un murmullo
más fuerte que tu silencio
y ni por asomo
una mirada capaz
de superar la belleza
de este aroma a lluvia
de un libro viejo
y dos rosas rojas
bien aferradas por mi mano
que extraña tus senos
una mirada así
capaz de dejarme sin aliento
justo ahora
que estoy casi viviendo.
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