K-rolissa
Poeta reconocido en el portal
Todo el estupor del mundo
parece anidarse en el timbal
que resuena al alba
de cada tiempo y de su espacio.
parece anidarse en el timbal
que resuena al alba
de cada tiempo y de su espacio.
Sus pasos ausentes,
se adhirieron como cristales
a las pupilas del árbol gris
en que perecen las verdades.
se adhirieron como cristales
a las pupilas del árbol gris
en que perecen las verdades.
Con las manos clavadas en el horizonte
y una venia de sal consagrada al mar,
un día cruzó su destino los brazos
y sin más, dejó caer el último
de sus músculos sanos
a la merced del vendaval
que llevaba su suerte a cuestas.
y una venia de sal consagrada al mar,
un día cruzó su destino los brazos
y sin más, dejó caer el último
de sus músculos sanos
a la merced del vendaval
que llevaba su suerte a cuestas.
Trocó su espíritu por bronce
y los suspiros se moldearon en cal,
sólo el canto de las piedras
sabe sanar sus tímpanos
y los suspiros se moldearon en cal,
sólo el canto de las piedras
sabe sanar sus tímpanos
En los bolsillos,
la sonrisa azul de sus años tiernos
juega con arropar al viento,
con silvarle latidos al siniestro silencio
desgranar las tinieblas que arañan
la tétrica palidez de su interior.
la sonrisa azul de sus años tiernos
juega con arropar al viento,
con silvarle latidos al siniestro silencio
desgranar las tinieblas que arañan
la tétrica palidez de su interior.
Le sobreviven:
gritos articulados al vacío
laringes coronadas de aventuras
rematan las gotas de sangre
que todavía bombean las cicatrices
gritos articulados al vacío
laringes coronadas de aventuras
rematan las gotas de sangre
que todavía bombean las cicatrices
Su voz existe,
¡Sí!
en el sollozo de un astro
que se tragó para siempre el universo.
¡Sí!
en el sollozo de un astro
que se tragó para siempre el universo.
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