Licanray Hermana mía

Amalia

Poeta recién llegado
Silencio, ante el dolor, en silencio
Donde el sueño no es suficiente para mitigar
Silencio para el cierre de sus ojos
Que la mariposa en tu mano vuela el cantar
Ausente, tu sonrisa, regalo de muchos
Tu voz en el silencio se ha dormido
Y todo se ha perdido.

Cuanto te entiendo, sin explicaciones
Como si pusieras en mi mano tu corazón.
Inundada en lágrimas por ti
Entiendo tu angustia y tu razón.

Fantasma y fuego encendido
Hilos y telares en gris y negro
Donde no se vio la verdad del colorido.
Camino de piedra y barro que nos atasca
En la carcajada que merecemos
Rodando en la neblina y el frio.

Y no existe palabra poderosa
Para detener el rio de pensamientos
Ni abrazo suficiente para ser rescate
Ni soga de salvación
Solo abismos.

Perdón en ruegos implorando paz
En este tu desatino, tu despedida
Tu descanso incomprendido, tu partida
No hay ingratitud en este sendero
Ni amor menos pequeño
No existe abandono, ni egoísmo
Simplemente se que mas, no puedes.

Gota a gota la lluvia de este invierno
Ha sumado su laguna de confusiones
Sin reflejo, solo distorsiones

Silencio por favor, silencio
No más reflexiones
Que ya no quedan uñas para tomarse de las flores
Solo la tierra en julio abriendo su vientre
Y los besos y abrazos poderosos
Que no se entregaran al brote de tu simiente

Ruido de vientos rugientes
Pasan al boceto de desechos mentales
Desarman un mundo consiente
Sonido que no es la lluvia contra cristales
Es tu recuerdo que se hace mas presente

Mi querida Licanray, hermana mía
Fibra de un camino en palabras de luz
Cuando la tierra inundó mi mente
Y la oscuridad creció sin detenerse.

Me quedo con tu abrazo de ese día
Llanto que enjugamos juntas
Ahora comprendo tu completa nobleza
Cuando desangrando tu dolor me decías
“Sonríe, sigue luchando”
Yo te entiendo hermana mía

Nos veremos en la promesa de eterna vida
Donde tu sonrisa no será flor de un día
Y la felicidad que soñaste estará cumplida
Recorreremos jardines recogiendo alegrías
En canastos tejidos de trenzas de niñez
Y el sonido del agua será canto de sensatez
Y de eso tenemos la absoluta certeza
¡Oh querida hermana mía!
Esta mi carta de despedida.
 

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