***QueeN Ginevra***
Poeta adicto al portal
Últimas palabras.
¿Cuánto tiempo he estado aquí? Esperando por nada, lamentando mis versos y pintando mis lamentos, para producir poemas de algún sencillo y desabrido color.
¿Cuánto tiempo he perdido reduciendo entre las letras mis delirios? Si en la vida no he encontrado nada más que me bendiga, más que la simple maldición de un romance; la ira recibida de una madre y la cara retorcida de una sociedad, en la que los amigos son enemigos. Nunca el cielo miré sin esperar que una estrella fugaz me robara el aliento y en este sufrimiento; me llevara a este momento. Cuanto odio todo aquello que me ha vuelto a la vida después de haber perecido, cuanto odio al amor, cuanto odio a la belleza de los amaneceres; ingratos momentos que sólo iluminan una oscuridad que me protege.
Cuanto odio, todo aquello que narra mi poesía rosa: gotas azules, rosas rojas, mares inmensos. Cuanto odio lo que significa escribir un verso, cuando este es inspirado solamente por un sueño. En mi vida y obra, he mentido. Sólo la noche y la luna saben cuánto de mi sangre ha pintado los versos dulces; cuanto de mi alma se ha ido destiñendo día a día, junto con los llantos de mis hadas.
Hoy, estoy a un paso más hacia la muerte; bendita maldición. No he sido yo, no he sido tú tampoco; sólo he sido lo que quería dejarte ver, una mezcla de cordura y locura; una fusión de amor y de ternura con la más cruel de las lujurias, con la más oscura de las penumbras; con el más atroz de todos mis desgarradores sentimientos.
Hoy, que estoy dando un paso más hacia la muerte, comprendo perfectamente que todo cuanto he vivido, todo cuanto he amado, todo cuanto he odiado, todo cuanto he creado y todo cuanto he deseado destruir; lo he gozado y lo he sufrido, cómo se sufre el más puro de los amores; cómo se goza el más cruel de los dolores. Hoy que miro mi alma, desde un cuerpo inerte, me doy cuenta que en mi vida, sólo he sido mi tumba; mi agonía. Mi muerte.
¿Cuánto tiempo he estado aquí? Esperando por nada, lamentando mis versos y pintando mis lamentos, para producir poemas de algún sencillo y desabrido color.
¿Cuánto tiempo he perdido reduciendo entre las letras mis delirios? Si en la vida no he encontrado nada más que me bendiga, más que la simple maldición de un romance; la ira recibida de una madre y la cara retorcida de una sociedad, en la que los amigos son enemigos. Nunca el cielo miré sin esperar que una estrella fugaz me robara el aliento y en este sufrimiento; me llevara a este momento. Cuanto odio todo aquello que me ha vuelto a la vida después de haber perecido, cuanto odio al amor, cuanto odio a la belleza de los amaneceres; ingratos momentos que sólo iluminan una oscuridad que me protege.
Cuanto odio, todo aquello que narra mi poesía rosa: gotas azules, rosas rojas, mares inmensos. Cuanto odio lo que significa escribir un verso, cuando este es inspirado solamente por un sueño. En mi vida y obra, he mentido. Sólo la noche y la luna saben cuánto de mi sangre ha pintado los versos dulces; cuanto de mi alma se ha ido destiñendo día a día, junto con los llantos de mis hadas.
Hoy, estoy a un paso más hacia la muerte; bendita maldición. No he sido yo, no he sido tú tampoco; sólo he sido lo que quería dejarte ver, una mezcla de cordura y locura; una fusión de amor y de ternura con la más cruel de las lujurias, con la más oscura de las penumbras; con el más atroz de todos mis desgarradores sentimientos.
Hoy, que estoy dando un paso más hacia la muerte, comprendo perfectamente que todo cuanto he vivido, todo cuanto he amado, todo cuanto he odiado, todo cuanto he creado y todo cuanto he deseado destruir; lo he gozado y lo he sufrido, cómo se sufre el más puro de los amores; cómo se goza el más cruel de los dolores. Hoy que miro mi alma, desde un cuerpo inerte, me doy cuenta que en mi vida, sólo he sido mi tumba; mi agonía. Mi muerte.
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