Aquí, tan solo y afligido,
aún más que de costumbre,
procuro pasar desapercibido
camuflado entre la muchedumbre
mientras observo y estudio,
a la vez que admiro y repudio,
aquello que no logro comprender
aunque en su día vi fácil de entender.
Ante el espejo me da la sensación
que soy el que tiene menos criterio
para hacer cualquier evaluación.
No me tomes muy en serio,
no soy nadie a fin de cuentas.
Estoy en los lugares que frecuentas
y paso inadvertido a tu mirada
porque sólo soy eso, nada.
Atrás ya se quedaron
mis ilusiones de grandeza,
todas me abandonaron
agravando mi torpeza.
Hoy ya pruebo a conformarme
con como estoy quedarme
mas la ansiedad que me envuelve
muestra que el dolor no se resuelve.
He llegado a gritar al cielo
buscando alguna respuesta
que me explique sin camelo:
¿por qué es tan dura la vida ésta?
Pero tan sólo el eco me responde
y la esperanza se me esconde.
Solo me siento en el camino
quizá sea soledad mi destino.
Hay tantas cosas que no entiendo
y tantas más que se me escapan
de este mundo que no comprendo
donde los sentimientos se tapan:
pasa por débil el que es sincero,
suena tan mal decir Te quiero,
en cambio queda bien ir de duro
da un aire atractivo, ¡hasta maduro!
Perdonadme porque no sigo
el caudal de vuestra corriente.
La verdad es que no va conmigo
el movimiento ahora presente.
Por ello sé que muchos me tacháis,
y de tipo raro me catalogáis.
Pero no sé, si os he de ser sincero,
si es vuestra aprobación lo que quiero.
Sí sé, sin embargo,
que no seguiros me condena
a un trago muy amargo
que me tortura y apena.
Desearía estar ahí,
con vosotros junto a mí.
Desearía tan solo no sentirme
y aún siendo yo, poder abrirme.
He intentado tantas veces
ser uno más en el tramado,
arrepintiéndome con creces
siempre al ver el resultado:
cuando me respetáis vosotros
mis sentimientos son otros,
cuando soy yo el que se respeta
la soledad es grande y completa.
Recuerdo que ayer, en mi niñez,
estaba tan lleno de vitalidad
¿cómo puede ahora esta pesadez
tenerme así, en cautividad?
Me desconozco al mirarme
y me desprecio al observarme
dudo que me pueda acostumbrar
a en este mar tan vacío navegar.
Ahora que viejo ya me he hecho,
aunque no me toque por edad,
me siento como un deshecho:
ahí tirado, en soledad.
Mis lágrimas me acompañan
son las que mis ojos empañan
cuando lucho por no perder esperanza
de cambiar la inclinación de la balanza.
Pero mis pensamientos ya intuyen,
en contra de mi voluntad,
que si son todos los que huyen
hasta dejarme en soledad,
quizá es que nada pueda hacer
para un día de nuevo tener
aquellas pupilas tan brillantes
reflejando la fuerza de antes.
Y así, tan solo y perdido,
aún más que de costumbre,
miro con rostro entristecido
como se queman en la lumbre
aquellos recuerdos del pasado
que hasta hoy me han acompañado,
recuerdos que dan paso al presente.
¡Tan sólo pido ser valiente!
aún más que de costumbre,
procuro pasar desapercibido
camuflado entre la muchedumbre
mientras observo y estudio,
a la vez que admiro y repudio,
aquello que no logro comprender
aunque en su día vi fácil de entender.
Ante el espejo me da la sensación
que soy el que tiene menos criterio
para hacer cualquier evaluación.
No me tomes muy en serio,
no soy nadie a fin de cuentas.
Estoy en los lugares que frecuentas
y paso inadvertido a tu mirada
porque sólo soy eso, nada.
Atrás ya se quedaron
mis ilusiones de grandeza,
todas me abandonaron
agravando mi torpeza.
Hoy ya pruebo a conformarme
con como estoy quedarme
mas la ansiedad que me envuelve
muestra que el dolor no se resuelve.
He llegado a gritar al cielo
buscando alguna respuesta
que me explique sin camelo:
¿por qué es tan dura la vida ésta?
Pero tan sólo el eco me responde
y la esperanza se me esconde.
Solo me siento en el camino
quizá sea soledad mi destino.
Hay tantas cosas que no entiendo
y tantas más que se me escapan
de este mundo que no comprendo
donde los sentimientos se tapan:
pasa por débil el que es sincero,
suena tan mal decir Te quiero,
en cambio queda bien ir de duro
da un aire atractivo, ¡hasta maduro!
Perdonadme porque no sigo
el caudal de vuestra corriente.
La verdad es que no va conmigo
el movimiento ahora presente.
Por ello sé que muchos me tacháis,
y de tipo raro me catalogáis.
Pero no sé, si os he de ser sincero,
si es vuestra aprobación lo que quiero.
Sí sé, sin embargo,
que no seguiros me condena
a un trago muy amargo
que me tortura y apena.
Desearía estar ahí,
con vosotros junto a mí.
Desearía tan solo no sentirme
y aún siendo yo, poder abrirme.
He intentado tantas veces
ser uno más en el tramado,
arrepintiéndome con creces
siempre al ver el resultado:
cuando me respetáis vosotros
mis sentimientos son otros,
cuando soy yo el que se respeta
la soledad es grande y completa.
Recuerdo que ayer, en mi niñez,
estaba tan lleno de vitalidad
¿cómo puede ahora esta pesadez
tenerme así, en cautividad?
Me desconozco al mirarme
y me desprecio al observarme
dudo que me pueda acostumbrar
a en este mar tan vacío navegar.
Ahora que viejo ya me he hecho,
aunque no me toque por edad,
me siento como un deshecho:
ahí tirado, en soledad.
Mis lágrimas me acompañan
son las que mis ojos empañan
cuando lucho por no perder esperanza
de cambiar la inclinación de la balanza.
Pero mis pensamientos ya intuyen,
en contra de mi voluntad,
que si son todos los que huyen
hasta dejarme en soledad,
quizá es que nada pueda hacer
para un día de nuevo tener
aquellas pupilas tan brillantes
reflejando la fuerza de antes.
Y así, tan solo y perdido,
aún más que de costumbre,
miro con rostro entristecido
como se queman en la lumbre
aquellos recuerdos del pasado
que hasta hoy me han acompañado,
recuerdos que dan paso al presente.
¡Tan sólo pido ser valiente!